10/12/16

EL ZODIACO Y SU ANTIGÜEDAD (I)


"Todos los hombres son propensos a tener un gran concepto de su propio entendimiento y a ser tenaces en las opiniones que profesan" dice con razón Jordano, y añade: "Y sin embargo, todos los hombres se guían por el entendimiento de otros, no por el suyo propio; y puede decirse en verdad que más bien adoptan que conciben sus opiniones".
Esto es doblemente cierto respecto de las opiniones científicas sobre hipótesis presentadas a su consideración, decidiendo a menudo el prejuicio y la opinión preconcebida de las llamadas “autoridades” sobre cuestiones de la mayor importancia vital para la historia. Hay varias de tales opiniones predeterminadas sostenidas por nuestros sabios orientalistas, y pocas son tan injustas e ilógicas como el error general con respecto a la antigüedad del Zodíaco.

El tema favorito de algunos orientalistas alemanes, sanscritistas americanos e ingleses han aceptado la opinión del profesor Weber de que los pueblos de la India no tenían idea ni conocimiento del Zodíaco anterior a la invasión de los macedonios, y que los antiguos indos lo importaron a su país tomándolo de los griegos.
Se nos dice además, por otras “autoridades”, que ninguna nación oriental conocía el Zodíaco hasta que los helenos tuvieron a bien participar amablemente su invención a sus vecinos. Y esto lo dicen a la faz del Libro de Job, que hasta ellos mismos declaran ser el más antiguo del canon hebreo y ciertamente anterior a Moisés; libro que habla de la hechura de “Arcturo, Orión y las Pléyades (Osh, Kesil y Kimah) y de las cámaras del Sur”; de Scorpio y el Mazaruth: los doce signos; palabras que, si algo significan, implican el conocimiento del Zodíaco hasta entre las tribus nómadas árabes.

Se dice que el Libro de Job precedió a Homero y a Hesiodo por lo menos mil años, habiendo florecido los dos poetas griegos sobre ocho siglos antes de la Era Cristiana. Y dicho sea de paso, el que prefiriese creer a Platón -que muestra a Homero floreciendo mucho antes- podría señalar un cierto número de signos del Zodíaco en la Ilíada y en la Odisea, en los poemas órficos y en otras partes. Pero dada la disparatada hipótesis impuesta por algunos críticos modernos de que ningún Orfeo, ni Homero o Hesiodo han existido nunca, sería tiempo perdido mencionar para nada a aquellos autores arcaicos.
Bastará el Job árabe; a menos, en efecto, que su volumen de lamentaciones, juntamente con los poemas de los dos griegos, a los que podemos añadir los de Lino, se declare ahora que son una falsificación patriótica del judío Aristóbulo.

Pero si el Zodíaco era conocido en los días de Job, ¿cómo podían ignorarlo los civilizados y filósofos indos?Arriesgando las flechas de la crítica moderna -que se hallan más bien embotadas a causa del mal uso-, puede el lector enterarse de la sabia opinión de Bailly sobre el asunto. Las deducciones pueden resultar erróneas, pero los cálculos matemáticos se basan en cimientos más seguros, tomando como punto de partida varias referencias astronómicas de Job, Bailly ideó un modo muy
ingenioso de probar que los primeros fundadores de la ciencia del Zodíaco pertenecían a un pueblo antediluviano, primitivo.
Aceptando su fecha circunspecta de 3.700 años antes de Cristo como verdadera edad de la Ciencia Zodiacal, esta fecha prueba del modo más irrefutable que no fueron los griegos los que inventaron el Zodíaco, por la sencilla razón de que no existían como raza histórica admitida por los críticos.

Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario