3/1/17

EL ZODIACO Y SU ANTIGÜEDAD (IV)


Ya sea ario o egipcio, el origen del Zodíaco es sin embargo de una antigüedad inmensa. Simplicio, en el siglo VI de Cristo, escribe que siempre había oído que los egipcios habían conservado observaciones y anales astronómicos durante un período de 630.000 años. Esta declaración parece asustar a Gerald Massey, quien sobre este particular observa que: Si interpretamos este número de años por el mes que los egipcios llamaban año según dice Euxodo, o sea un curso de tiempo, esto daría aún la duración de dos ciclos de precesión (51.736 años).
Diógenes Laertius hacía remontar los cálculos astronómicos de los egipcios a 48.863 años antes de Alejandro el Grande. Martiano Capella corrobora esto diciendo a la posteridad que los egipcios habían estudiado secretamente la astronomía por más de 40.000 años, antes de que comunicaran sus conocimientos al mundo.

En Natural Génesis se hacen algunas citas valiosas con el objeto de apoyar las teorías del autor, por ejemplo, se hace la cita siguiente de la Vida de Sulla de Plutarco:
Un día que el firmamento estaba sereno y claro, se oyó en el sonido de una trompeta, tan fuerte, agudo y melancólico, que llenó de espanto y de asombro al mundo. Los sabios toscanos dijeron que presagiaba una raza nueva de hombres, y una renovación del mundo; pues aseguraban que había ocho clases distintas de hombres, todos diferentes en vida y costumbres; y que el Cielo les había señalado a cada uno su tiempo, que estaba limitado por el círculo del gran año” (25.868 años).

Esto recuerda mucho nuestras Siete Razas de hombres, y la octava, el “hombre animal”, descendiente de la última Tercera Raza; así como también la sucesiva sumersión y destrucción de los continentes que por fin concluyeron con casi toda aquella Raza.

Jámblico dice: No solamente han conservado los asirios los anales de sus veintisiete miríadas de años (270.000 años) como dice Hiparco, sino también todos los apocatástasis y períodos de los Siete Regentes del Mundo. Esto se aproxima en cuanto es posible al cálculo de la doctrina esotérica. Porque se conceden 1.000.000 de años a nuestra Raza Raíz actual (la Quinta), y sobre 850.000 años han pasado desde la sumersión de la última gran isla que formaba parte del continente de los Atlantes, la Ruta de la Cuarta Raza, los Atlantes; mientras que Daitya, pequeña isla habitada por una raza mixta, fue destruida hace unos 270.000 años durante el Período Glacial o en su proximidad.
Pero los Siete Regentes, o las siete grandes Dinastías de los Reyes Divinos, pertenecen a la tradición de todo gran pueblo de la antigüedad. Siempre que se menciona el doce, se refiere invariablemente, a los doce signos del Zodíaco.
Tan patente es este hecho, que los escritores católico romanos, especialmente los ultramontanos franceses, han acordado tácitamente relacionar los doce Patriarcas Judíos con los signos del Zodíaco. Esto se hace de un modo profético-místico que suena a los oídos piadosos e ignorantes como una prueba portentosa, un reconocimiento tácito divino del “pueblo escogido por Dios”, cuyo dedo ha trazado intencionalmente en el cielo, desde el principio de la creación, el número de estos patriarcas.

Es bastante curioso que estos escritores, entre ellos De Mirville, reconozcan todas las características de los doce signos del Zodíaco en las palabras dirigidas por el moribundo Jacob a sus hijos, y en sus definiciones del futuro de cada tribu. Además, las banderas respectivas de las mismas tribus, se dice que han exhibido los mismos símbolos y los mismos nombres que los signos, repetido en las doce piedras del Urim y Thummim, y en las doce alas de los dos Querubines.

Dejando a los referidos místicos la prueba de la exactitud de la supuesta correspondencia, nos concretamos a citarla como sigue:
El Hombre, o Acuario, está en la esfera de Rubén, que se declara tan “inestable como el agua” (la Vulgata, dice: corriendo como el agua”); Géminis, en la de Simeón y Leví, a causa de su estrecha asociación fraternal; Leo, en la de Judá, “el León fuerte” de su tribu, “el cachorro del León”; Piscis, en la de Zabulón, que “morará al abrigo del mar”; Tauro, en la de Issachar, por ser “un asno fuerte descansando”, y por tanto asociado a los establos; Virgo-Escorpión, en la de Dan, que está descrito como “una serpiente, una culebra que muerde en el sendero”; Capricornio, en la de Naphtalí, que es “una cierva (venado) en libertad”; Cáncer, en la de Benjamín, porque es “voraz”; Libra, la Balanza, en la de Aser, cuyo “pan será nutritivo”; Sagitario, en la de José, porque “su arco pronostica la fuerza”. Por último, para el duodécimo signo, Virgo, independiente de Escorpión, tenemos a Dinah, la hija única de Jacob.
La tradición muestra a las supuestas tribus llevando los doce signos en sus estandartes. Pero en efecto, además de lo dicho, la Biblia está llena de símbolos y personificaciones teo-cosmológicos y astronómicos.

Fuente: La Doctrina Secreta Vol. II

26/12/16

EL ZODIACO Y SU ANTIGÜEDAD (III)


En Bharat (India) existen hoy día registros antiguos que apuntan a un desarrollado conocimiento de la Astrología en 6.500 años a.C., y manuscritos reales muestran que fueron escritos cerca del 3.700 a.C. Algunos originales han sido destruidos o están perdidos, pero copias de estos hechas por astrólogos pueden encontrarse en las bibliotecas de los Maharajáes y en algunos estados en Bharat.
Uno de los más antiguos autores de Astrología Védica, copias de cuyos trabajos no han sido encontrados, es Pita Maha quien escribió un tratado llamado Pita Maha Siddhanta. Vivió y escribió este libro cerca del 3.000 a.C., quinientos años después otro escritor llamado Vashishttha escribió varios libros de astrología, astronomía y filosofía.
Se ha demostrado que los antiguos hindúes comprendieron la precesión de los equinoccios y calcularon que este (un ciclo completo) se lleva a cabo cada 25.870 años. La observación y precisión matemática necesaria para establecer dicha teoría ha sido la maravilla y admiración de los astrónomos modernos. Ellos, con su conocimiento moderno e instrumentos actuales siguen discutiendo si la precesión se realiza cada 25.870 años o cada 24.500 años. La mayoría cree que los hindúes no se equivocaron, pero como llegaron a dicho cálculo es un gran misterio, como el mismo origen.

Al principio del reino de Nabucodonosor, rey de Babilonia, cerca de la época en que los etíopes, bajo Sabacon, invadieron Egipto (751 a.C.), los egipcios que huyeron de él hacia Babilonia, llevaron consigo el año egipcio de 365 días y el estudio de la Astronomía y la Astrología y cimentaron la era de Nabucodonosor, fechándola a partir del primer año de su reinado en 747 a.C., comenzando el año en el mismo día con los egipcios gracias a sus cálculos. Diódoro dice: “dicen que los caldeos en Babilonia, siendo colonia de los egipcios, se volvieron famosos en Astrología, habiéndola aprehendido de los sacerdotes de Egipto” (Citado en el Prefacio al Tetrabilblos de Ptolomeo por J.M. Ashmand).

Issac Newton dice: “La práctica de observar las estrellas comenzó en Egipto en los días de Amón, y se propagó a partir de entonces, en el reino de su hijo Sesac, a África, Europa y Asia, mediante la conquista. Y entonces Atlas formó la esfera de los libios (956 a.C.), y Quirón la de los griegos (939 a.C.); y los Caldeos hicieron también una esfera propia. Pero la Astrología fue iniciada por Nicepsos en Egipto, y Petosiris su sacerdote, un poco antes de los días de Sabacon, y se propagó entonces a Caldea, donde Zaratustra, el legislador de los magos la conoció, así Paulinos dice: “Quique magos docuit mysteria vana Necepsos”.
El secreto de la Astrología constituye una característica principal en las doctrinas de los magos persas; y más adelante aparece en la Cronología de Newton, p. 347, que Zaratustra (aunque la época de su vida ha sido asignada equivocadamente a varios períodos más remotos), vivió en el reino de Darío Histapis, cerca del 520 a.C., y ayudó a Histaspis el padre de Darío, a reformar a los magos, de quienes Histaspis fue maestro. Newton agrega en la p. 352 que “cerca de la misma época con Histaspis y Zaratustra, también vivió Ostanes, otro eminente mago. Plinio lo coloca bajo Darío Histapis, y Suidas lo hace el seguidor de Zaratustra, llegó a Grecia con Xerxes cerca del 480 a.C., y parece ser el Otanes de Heredoto. En su libro, llamado el Octateuco, enseñó la misma doctrina de las deidades como Zaratustra”.

Continuará ...

21/12/16

LA PROFECÍA DEL MESÍAS


En el reino de Gushtasp, nombre oriental de Darío Histaspis rey de Persia, destacó un célebre astrólogo de nombre Gjamasp, también llamado Al Hakim o el Sabio. Los escritores más creíbles dicen que fue hermano del Rey Gushtasp, su confidente y ministro en jefe. Se dice que había pronosticado la llegada del Mesías; y algunos tratados con su nombre aún son actuales en Occidente.

El Dr. Thomas Hyde, hablando de este filósofo, cita un pasaje de un autor muy antiguo que aseguraba que hubo entre los Persas diez doctores de dicha sabiduría consumada que nadie en el mundo se podía jactar.
Él proporciona las palabras del autor: “de estos, el sexto era Gjamasp, un astrólogo, que fue consejero de Histaspis. Él es el autor de un libro titulado “Judicia Gjamaspis”, el cual contiene sus juicios sobre las conjunciones planetarias. Y ahí informó que Jesús debería aparecer; que Mahoma nacería; que la religión de la magia debería ser abolida, etc., y ningún astrólogo lo superó”.

De este libro existe una versión en árabe, cuyo título dice: “El libro del filósofo Gjamasp, que contiene juicios sobre las grandes conjunciones de los planetas, y sobre los eventos producidos por ellos”. Esta versión fue hecha por Lali; el título en árabe fue Al Kerani, y lo publicó en 1.280 d.C. En el prefacio de esta versión se dice que, después de la época de Zaratustra, o Zerdusht, reinó Gushtasp, el hijo de Lohrasp un príncipe muy poderoso; y que en su reino floreció en la ciudad de Balch, en las fronteras de Chorassan, un muy excelente filósofo, cuyo nombre fue Gjamasp, autor de este libro; en donde contiene una narración de todas las grandes conjunciones de los planetas que han ocurrido antes de esta época, y que ocurrirán en las épocas siguientes; en donde aparecen las nuevas religiones, y también describe la aparición de nuevas monarquías. Este autor, a lo largo de toda su obra, se parece al estilo de Zaratustra (conocido en occidente como Zoroastro que significa “estrella de oro”). (D’Herbelot, Bibl. Orient. Art. Gjamasp).

La noción de pronosticar el surgimiento y progreso de las religiones a partir de las grandes conjunciones de los planetas, ha sido probablemente propagado en occidente por Jerónimo Cardano, un fuerte promotor de esta doctrina.
El libro sagrado del zoroastrismo es el Avesta, este libro es poco conocido por ser hoy la religión mazdeísta poco estimada, porque el valor de las doctrinas religiosas ha sido medido en general, por el número de adeptos. Actualmente el mazdeísmo o zoroastrismo tiene cien mil seguidores pese a ser madre de las religiones más importantes de la Tierra.

Los persas modernos son grandes seguidores de la astrología, y aunque distinguen entre ésta y la astronomía tienen solamente una palabra para describir al astrónomo y al astrólogo; viz.manegjim, que es el equivalente exacto a la palabra griega aVtrlogoV.

En Chorassan (Persia), hay un pequeño pueblo llamado Genabed, vive una familia que durante los últimos 700 años, ha iniciado a los astrólogos más famosos de Persia; el astrólogo del rey es siempre nativo de Genabed, o uno traído de allí.
Albumazar de Balch (escolar de Alkendu, un judío profesor de astrología judiciaria en Bagdad, en el Califato de Almamoum) se hizo muy famoso. Escribió expresamente de los astrólogos persas, y puede ser de los trabajos de Gjamasp, debido a que también reporta una predicción de la venida del Mesías en las siguientes palabras: “En la esfera de Persia, dice Aben Ezra, surgirá sobre la cara del signo Virgo, una hermosa mujer, llevará dos espigas de maíz en su mano, y un niño en su brazo, le alimentará y le dará leche .... Esta mujer, dice Albumazar, la llamamos Adrenedefa, la Virgen Pura. Dará a luz un hijo en el lugar llamado Abrie (la tierra hebrea), y el nombre del niño es llamado Eisi (Jesús)”.
Esto hizo creer a Alberto Magno que nuestro Salvador (Cristo) nació en Virgo, y por lo tanto el Cardenal Alliac, erigiendo la descripción del nacimiento del Señor, colocó este signo en el horóscopo. Pero lo que quería decir Albumazar, dice Fray Roger Bacon, es que dicha virgen nació con el Sol estando en ese signo, y así se anotó en el calendario; y que ella llevaría a su hijo a la tierra de los hebreos.

Fuente: Extracto de “Historia Universal Antigua”.

18/12/16

EL ZODIACO Y SU ANTIGÜEDAD (II)


Bailly calculó el período en que las constelaciones manifiestan la influencia atmosférica llamada por Job “las dulces influencias de las Pléyades”, Kimah en hebreo; la de Orión, Kesil; y la de las lluvias del desierto con referencia a Escorpión, la constelación octava; y llegó a la conclusión de que en presencia de la eterna conformidad de estas divisiones del Zodíaco, y los nombres de los planetas aplicados en todas partes y siempre con el mismo orden, y dada la imposibilidad de atribuirlo todo a la casualidad y a la “coincidencia que nunca crea semejantes parecidos”, tiene que concederse al Zodíaco una antigüedad verdaderamente muy grande.

Si se supone que la Biblia es una autoridad en cualquier materia, algunos la consideran aún como tal, sea por consideraciones cristianas o kabalísticas, entonces el Zodíaco se halla claramente mencionado en II, Reyes XXIII.
Antes que el “libro de la ley” fuese “encontrado” por Hilkiah, el sumo sacerdote, los signos del Zodíaco eran conocidos y adorados. Se les rendía el mismo culto que al Sol y a la Luna, puesto que los sacerdotes, a quienes los reyes de Judah habían ordenado quemar inciensos... a Baal, al sol, a la luna, a los planetas, y a toda la hueste del cielo o a los “doce signos o constelaciones”, como lo explica la nota al margen de la Biblia inglesa, siguieron el mandato durante siglos. Ellos cesaron en su idolatría obligados por el rey Josías, 624 años antes de Cristo.

El Antiguo Testamento está lleno de alusiones a los doce signos zodiacales, y todo el plan está basado sobre él: héroes, personajes y acontecimientos. Así el sueño de José, que vio once “Estrellas” inclinándose ante la duodécima, que era su “Estrella”, se refiere al Zodíaco. Los católicos romanos han descubierto en ello además, una profecía de Cristo, que es aquella duodécima Estrella -dicen-, y las otras los once Apóstoles; siendo considerada también la ausencia de la duodécima como una alusión profética a la traición de Judas.
También los doce hijos de Jacob se refieren a lo mismo, como lo hace observar acertadamente Villapandus. James Malcolm, en su History of Persia, muestra al Dabistan, haciéndose eco de todas estas tradiciones sobre el Zodíaco. Asigna él su invención a los días florecientes de la Edad de Oro del Irán, y observa que una de dichas tradiciones sostiene que los Genios de los Planetas están representados bajo las mismas formas y figuras que asumieron cuando se mostraron ellos mismos a varios santos profetas, lo que condujo al establecimiento de los ritos basados sobre el Zodíaco.

Pitágoras, y después de él Filo Judeo, tenían al número 12 por muy sagrado. Este número doce es perfecto. Es el de los signos del Zodíaco, que el sol visita en doce meses; y para honrar ese número Moisés dividió su nación en doce tribus, estableció los doce panes de proposición, y puso doce piedras preciosas en el pectoral de los Pontífices.
Según Séneca, el caldeo Beroso profetizaba los sucesos y cataclismos futuros por medio del Zodíaco; y las épocas fijadas por él para la conflagración del Mundo -Pralaya- y para un diluvio, se ve que corresponden a las que se dan en un antiguo papiro egipcio. Semejante catástrofe tiene lugar a cada renovación del ciclo del Año Sideral de 25.868 años.

Los nombres de los meses accadianos se derivaban y eran tomados de los nombres de los signos del Zodíaco, y los accadios son mucho más antiguos que los caldeos. Mr. Proctor muestra en su Myths and Marvels of Astronomy, que los antiguos astrónomos poseían un sistema de astronomía de los más exactos 2.400 años antes de Cristo; los indos datan su Kali Yuga de una gran conjunción periódica de los Planetas, treinta y un siglos antes de Cristo.

Continuará …

Fuente: La Doctrina Secreta Vol. II

10/12/16

EL ZODIACO Y SU ANTIGÜEDAD (I)


"Todos los hombres son propensos a tener un gran concepto de su propio entendimiento y a ser tenaces en las opiniones que profesan" dice con razón Jordano, y añade: "Y sin embargo, todos los hombres se guían por el entendimiento de otros, no por el suyo propio; y puede decirse en verdad que más bien adoptan que conciben sus opiniones".
Esto es doblemente cierto respecto de las opiniones científicas sobre hipótesis presentadas a su consideración, decidiendo a menudo el prejuicio y la opinión preconcebida de las llamadas “autoridades” sobre cuestiones de la mayor importancia vital para la historia. Hay varias de tales opiniones predeterminadas sostenidas por nuestros sabios orientalistas, y pocas son tan injustas e ilógicas como el error general con respecto a la antigüedad del Zodíaco.

El tema favorito de algunos orientalistas alemanes, sanscritistas americanos e ingleses han aceptado la opinión del profesor Weber de que los pueblos de la India no tenían idea ni conocimiento del Zodíaco anterior a la invasión de los macedonios, y que los antiguos indos lo importaron a su país tomándolo de los griegos.
Se nos dice además, por otras “autoridades”, que ninguna nación oriental conocía el Zodíaco hasta que los helenos tuvieron a bien participar amablemente su invención a sus vecinos. Y esto lo dicen a la faz del Libro de Job, que hasta ellos mismos declaran ser el más antiguo del canon hebreo y ciertamente anterior a Moisés; libro que habla de la hechura de “Arcturo, Orión y las Pléyades (Osh, Kesil y Kimah) y de las cámaras del Sur”; de Scorpio y el Mazaruth: los doce signos; palabras que, si algo significan, implican el conocimiento del Zodíaco hasta entre las tribus nómadas árabes.

Se dice que el Libro de Job precedió a Homero y a Hesiodo por lo menos mil años, habiendo florecido los dos poetas griegos sobre ocho siglos antes de la Era Cristiana. Y dicho sea de paso, el que prefiriese creer a Platón -que muestra a Homero floreciendo mucho antes- podría señalar un cierto número de signos del Zodíaco en la Ilíada y en la Odisea, en los poemas órficos y en otras partes. Pero dada la disparatada hipótesis impuesta por algunos críticos modernos de que ningún Orfeo, ni Homero o Hesiodo han existido nunca, sería tiempo perdido mencionar para nada a aquellos autores arcaicos.
Bastará el Job árabe; a menos, en efecto, que su volumen de lamentaciones, juntamente con los poemas de los dos griegos, a los que podemos añadir los de Lino, se declare ahora que son una falsificación patriótica del judío Aristóbulo.

Pero si el Zodíaco era conocido en los días de Job, ¿cómo podían ignorarlo los civilizados y filósofos indos?Arriesgando las flechas de la crítica moderna -que se hallan más bien embotadas a causa del mal uso-, puede el lector enterarse de la sabia opinión de Bailly sobre el asunto. Las deducciones pueden resultar erróneas, pero los cálculos matemáticos se basan en cimientos más seguros, tomando como punto de partida varias referencias astronómicas de Job, Bailly ideó un modo muy
ingenioso de probar que los primeros fundadores de la ciencia del Zodíaco pertenecían a un pueblo antediluviano, primitivo.
Aceptando su fecha circunspecta de 3.700 años antes de Cristo como verdadera edad de la Ciencia Zodiacal, esta fecha prueba del modo más irrefutable que no fueron los griegos los que inventaron el Zodíaco, por la sencilla razón de que no existían como raza histórica admitida por los críticos.

Continuará...

30/11/16

URANO (ASTROLOGÍA ESOTÉRICA)

Urano funciona en aquellos que pueden pensar aparte del cerebro, aquellos que han trascendido la comprensión mercuriana. Mercurio significa discriminación, representa la mente superior, representa a budhi, la lógica, el razonamiento, lo racional, y aquí es donde Urano marca un estado superior al de Mercurio. Esto quiere decir que su función va más allá de la comprensión, más allá de las percepciones normales. Exige percepciones extras, percepciones extrasensoriales. Su funcionamiento es eléctrico. Sin duda el cerebro es eléctrico, pero Urano es cerebro con cerebro.
El Maestro lo llama impulso eléctrico. Muchas cosas suceden antes de que entendáis qué está pasando.

Normalmente, los seres humanos piensan, comprenden y hacen. Los tontos no comprenden y hacen. Aquí también sucede la acción incluso antes de la comprensión, pero no se trata de estupidez, allí donde trabaja Urano, la acción ocurre primero y la comprensión viene más tarde, porque Urano no puede esperar hasta que vuestros cerebros comprendan; es una energía que va a gran velocidad. No es necesario que entendáis y hagáis. Se hace a través vuestro y después ya entenderéis por qué lo habéis hecho y cómo lo habéis hecho tan bien, algo ha ocurrido a través vuestro de una forma que está más allá de vuestra propia capacidad.
El Maestro dice: “Se necesitan 4 ciclos de 60 años para saber lo que estoy haciendo”. No es místico, es científico, es la ciencia del futuro; la ciencia futura hoy es ficción. Es puramente Acuariana, que quiere decir que está al borde de la percepción, se percibe y no se percibe. Es como el aire suave, que está y no está. El cerebro humano es incapaz de comprender: “Dejad que suceda; después, lentamente, con distancia retrospectiva, la gente entenderá”.

Hoy en día, globalmente, están teniendo lugar muchos acontecimientos, y su significado se comprende mejor mirándolos retrospectivamente. La antigua afirmación que dice “piensa antes de actuar” ya no es válida para aquellos que pueden pensar aparte del cerebro. No intentéis comprenderlo, lo único que conseguiréis es romperos la cabeza. Este es el entendimiento de la energía de Urano.
La energía de Urano trabaja a través de aquellos que pueden pensar aparte del cerebro; esta es la primera parte. La segunda parte supone trascender las ecuaciones mercurianas. Mercurio representa las matemáticas. Pero Urano representa las matemáticas superiores. Es una ecuación matemática todavía no manifestada. En las escrituras sagradas se llama Mahat. Mahat es el plano de la creación donde lo invisible se vuelve visible. Lo imperceptible se vuelve perceptible.
Hay personas que trabajan en el ámbito de la sabiduría y saben que no pueden entender este funcionamiento de Urano. La energía de Urano incluso les hace inclinarse y conseguir que se hagan las cosas. Y, lentamente, la mente superior entenderá. Así es como muchas enseñanzas se transmiten antes de que sean comprendidas, es decir, el transmisor no lo comprendía mientras lo expresaba.
Esta es la experiencia de muchos maestros del ocultismo, cuando empiezan a hablar sobre un tema ocultista, ellos ya tienen su propia preparación y comprensión; pero cuando abren la boca, comienzan a expresar cuestiones totalmente diferentes. El cerebro superior del que habla se utiliza como un mediador, y así sucede el funcionamiento eléctrico de Urano. A menudo, el que habla ha de retroceder y tomar notas sobre lo que ha dicho, porque incluso para él, esta información es nueva. No habla desde lo conocido, sino desde lo desconocido. Se le llama enseñanzas por impresión.
El Maestro es impresionado en aquel momento y lugar y entonces, se expresa la enseñanza que es fresca y viva, y hasta ese momento, desconocida incluso para el propio Maestro.
Del mismo modo, también hay escritos por impresión. Hay un cerebro, más allá del cerebro búdico, que se posiciona en vosotros y os conduce. Mercurio, la mente superior, tendrá que reflexionar sobre ello durante algún tiempo. No es un repentino y precipitado acto de ignorancia, es una función eléctrica que el Maestro denomina “Impulso Eléctrico”, como un relámpago, un destello.

En el ritual del fuego hay un mantra que se llama Fhat, en una fracción de segundo las cosas ocurren. Por este motivo no podéis hacer cálculos de las posibilidades futuras. Mucha gente tiene sus propios cálculos basados en su comprensión búdica. Pero para Urano, budhi es muy pequeño. No tiene tiempo de informar a budhi. Actúa y más tarde ya entenderá.
Así que las personas que se limitan a sí mismas al entendimiento búdico permanecen pobres en su sabiduría. Necesitan estar abiertos en todo momento a todas las posibilidades. La sabiduría puede centellear sobre vosotros si desarrolláis este tipo de apertura. Urano representa el aspecto más elevado de la intuición y es también el aspecto más elevado de Mercurio.
Fuente: Extracto del Tratado de los Siete Rayos de A.A. Bailey.

24/11/16

EL IDIOMA DEL CIELO


Puede que parezca absurdo sugerir que los seres espirituales en el cielo conversan en alguna clase de lenguaje como el que nosotros solemos emplear, un lenguaje como lo conocemos impone en razón de su misma naturaleza unas limitaciones a la comunicación de nuestros pensamientos unos con otros. Desde luego, esta clase de limitaciones no existen en el cielo.
No se puede imaginar que Dios Padre «hable» con Dios Hijo en este sentido limitador, aunque sería concebible que los ángeles hablen entre sí y que Dios les hable a ellos. Naturalmente, es posible que haya alguna forma totalmente distinta de comunicación, de la que no sepamos nada por ahora, pero que pudiera tener alguna relación con la realidad de la inspiración por ejemplo con la clase de inspiración que lleva la telepatía.

La Escritura registra una cantidad de conversaciones en el cielo entre Dios y los ángeles, y entre los ángeles mismos, como en Job 1:6 y Daniel 10:21. En este último caso hay una sugerencia de algo que tiene la naturaleza de un argumento verbal.
En cualquier caso, Dios ha hablado al hombre, y quizá no carece de significación que cuando así lo hizo, tanto por escrito al dar los Diez Mandamientos y sobre la pared en el palacio de Belsasar, como en conversación directa como cuando habló al Primer Adán y al Postrer Adán, e incluso por medio del postrer Adán al hombre (en arameo), el lenguaje es siempre alguna forma de semita. Se puede argüir que esto era inevitable, por cuanto el pueblo hebreo había sido escogido como intermediario de Dios por lo que respectaba a Su revelación.
Esta podría ser una explicación totalmente suficiente excepto por dos circunstancias que pueden tener una significación especial:
(a) el nombre original que Adán aplicó a su ayuda idónea, y (b) los nuevos nombres dados a dos convertidos en el Nuevo Testamento.
Ante todo se debería decir algo acerca de la significancia de los nombres, se puede decir que en casi todas las otras sociedades no occidentales un nombre personal no es meramente una designación útil con propósitos de identificación, sino que constituye la identidad personal del individuo. Este principio de identidad se origina en la antigüedad. Una de las más antiguas tabletas cuneiformes de interés especial para los estudiosos de la Biblia, trata de la historia de la creación y describe el tiempo antes de la formación de la tierra -esto es, cuando no existía- como un tiempo en el que la tierra «no estaba nombrada».

Tiempo hubo que el Cielo arriba no estaba nombrado, que a la tierra abajo nombre no le había sido dado”.

La narración en la que Adán da nombre a los animales que le son presentados es mucho más significativa de lo que solemos suponer, porque los nombres que les dio no eran meramente designaciones, sino resúmenes de sus características. Por estos nombres indicaba su reconocimiento del hecho de que ninguno de ellos era una contrapartida adecuada de su propio ser y que por ello no podían ser una verdadera ayuda idónea para él.
Cuando despertó del profundo sueño que le sobrevino a continuación, y cuando vio que Dios le había traído otra de Sus criaturas, en el acto percibió en ella a su verdadera ayuda idónea.
Por el nombre que le dio, demostró su conciencia de la relación que tenía con él. Su nombre original no fue Eva (nombre que recibió posteriormente), sino mujer. La palabra mujer es traducción de un término semítico que es la forma femenina de la palabra para varón.
Hombre es Ish, mujer es Ishah. En ningún otro lenguaje aparece como cosa cierta que la palabra para mujer sea el femenino para la palabra para varón. Compárese por ejemplo el latín vir para varón, mulier para mujer; el griego anêr para varón, gunê para mujer. En inglés, la palabra woman es una forma contraída de un término original «woof-man», que significaba «el hombre que teje». En castellano, las formas señor y señora parecen en principio paralelas, pero señor no es realmente la palabra para «varón», ni señora la palabra para «mujer». Se trata más exactamente de tratamientos de cortesía como «sir» y «lady» en inglés (aunque sí se debe observar que las traducciones bíblicas españolas en general emplean en este pasaje un término poco usado pero aceptado formalmente, traduciendo Ishah como «varona». En los diccionarios normativos de la lengua española no es un término de uso cotidiano.
Esta circunstancia excepcional en la historia de Adán y Eva constituye por sí misma una cierta prueba de que la forma de habla que Adán empleó era la semita, por cuanto hubiera sido cosa bien natural que el primer ser humano hubiera designado a su ayuda idónea mediante una forma modificada de su propio nombre.

Ahora bien, así como un nombre se identifica con existencia, del mismo modo un nuevo nombre se identifica con una nueva existencia. Este es un concepto extendido, y en muchas otras sociedades una persona que cambia de posición adopta generalmente un nombre nuevo (y a menudo secreto). Y cualquier persona que padezca una enfermedad durante un período anormalmente largo intentará remediarlo cambiando de nombre, convirtiéndose así en otro individuo y librándose con ello de la enfermedad unida al antiguo.
En tiempos recientes se han comunicado algunos casos instructivos de esto, incluso en nuestras propias instituciones mentales.

Jacob recibió un nuevo nombre después de una lucha espiritual muy señalada, y después parece haber sido llamado por ambos nombres, el viejo o el nuevo, quizá dependiendo de si era el viejo hombre o el nuevo el que estaba a la vista. La nación que surgió de él parece haber sido tratada de la misma forma.
Así, en tanto que la Palabra de Dios era enviada a Jacob, solo caía en Israel (Is. 9:8). De forma similar, aquel gran y terrible día de la tribulación será el día de la angustia de Jacob (Jer. 30:7), pero solo Israel será salvado (Ro. 11:26). Un israelita así era Natanael, designado por el Señor como «un verdadero israelita» (Jn. 1:47), como para resaltar la distinción. En Isaías 45:4 Jacob es meramente un siervo, mientras que Israel es Su escogido, que goza de una nueva relación con Él.
Naturalmente, ambos nombres Jacob e Israel son palabras semíticas, de modo que el nuevo nombre no se daba a este respecto en un lenguaje diferente.
Pero en el Nuevo Testamento tenemos a dos personas que reciben nombres nuevos:
Pedro (que es griego), y Marcos (que es latín), y que reciben también nombres semíticos. Pedro fue posteriormente renombrado Cefas, el original es una combinación de dos palabras hebreas. Al igual que Jacob, Pedro no siempre estuvo a la altura de su nuevo nombre, excepto que Pablo se refiere a él constantemente con el nombre de Cefas en su Primera Epístola a los Corintios (1:12; 9:5; 15:5).
Pablo mismo recibió un cambio de nombre, y la ocasión del cambio es significativa. No coincidió con su conversión. Saulo se convirtió en Hechos 9, pero se le sigue designando como Saulo en Hechos 13:2. Sin embargo, en Hechos 13:2 leemos esta declaración: «Entonces Saulo (que también es Pablo), lleno del Espíritu Santo ...». A partir de entonces nunca se le vuelve a mencionar por su viejo nombre.

Por estos pocos fragmentos de luz, el nuevo Nombre que vamos a recibir, y que está oculto en este momento, resumirá de una manera singular toda nuestra nueva personalidad en Cristo, y probablemente tendrá significado en semítico, el lenguaje del cielo, donde está nuestra ciudadanía.

De Génesis hacia finales del siglo XIX, se ilustra de forma maravillosa la universalidad del idioma del cielo:
«Dos creyentes de diferentes países se conocieron en una conferencia y observaron cada uno en el otro evidencias inequívocas de su común fe. Se acercaron con las manos extendidas en señal de bienvenida, y, aunque totalmente incapaces de pronunciar una palabra en el idioma del otro, se comunicaron perfectamente cuando uno dijo, ¡Aleluya! y el otro respondió en el acto: “¡Amén!”»

Fuente: Time and Eternity, vol. 6 of the Doorway Papers, 1975.
[Originalmente Doorway Paper # 8 - Ottawa, Ontario 1961 / Rev. 1977] www.custance.org

 

11/11/16

LA TABLA DE VENUS MAYA

Un equipo de investigadores de la Universidad de Santa Bárbara en California (UCSB) ha hecho público que la Tabla de Venus del Códice de Dresde Maya, contiene datos astronómicos de tal precisión que no pueden ser considerados un mero apunte numerológico, sino que constituyen un gran descubrimiento matemático y astronómico con más de mil años de antigüedad.
"La tabla de Venus ha sido malentendida y muy poco apreciada. No hemos sabido ver que es todo un descubrimiento científico real, hecho por los mayas en una ciudad maya", ha declarado sobre el hallazgo Gerardo Aldana, profesor de antropología y autor del estudio "Descubriendo un descubrimiento", publicado el pasado 16 de agosto en Journal of Astronomy in Culture.

El Códice de Dresde fue comprado en 1739 por Johann Christian Götze, director de la Biblioteca Real de Dresde. Consta de 39 hojas escritas e ilustradas con una longitud total de 3,56 metros, y se encuentra expuesto en el Museo de la Biblioteca de Dresde, Alemania.
Junto al equipo de especialistas que ha analizado los jeroglíficos, Gerardo Aldana ha explicado que en la tabla se puede observar un avanzado calendario de Venus, probablemente desarrollado en la ciudad maya de Chichen Itzá durante el período clásico final de la cultura maya, entre los años 800 y 1.000 d.C.
Se desconoce quién fue el autor de tan avanzados cálculos matemáticos, pero por el contenido, se cree que fue un encargo de K'ak 'U Pakal K'awiil, una de las más prominentes figuras históricas de la ciudad, "estamos estudiando el trabajo de un individuo maya, y él o ella pudo ser un científico, un astrónomo".
Por su parte, el investigador Anthony F. Aveni escribía lo siguiente en su estudio de 1992 sobre la cultura maya:“El Códice de Dresde, uno de los cuatro documentos escritos mayas que sobrevivieron a la conquista, proporciona evidencias concretas del tema dominante de los ciclos en los calendarios mayas. Un repaso completo de la tabla de Venus resume perfectamente, las cifras exactas de los ciclos de Venus, Haab y Tzolkin; su disposición garantiza que la fecha de celebración del ascenso matinal helicoidal del planeta, tras la conjunción inferior, siempre será el día 1 Ahau”.

La tabla de Venus aparece en la página 24 del Códice, y en su prefacio se lee una corrección del ciclo de Venus, que es de 583,92 días, lo que lo hace irregular y provoca que con el tiempo, se vaya acumulando un error. Según ha señalado el equipo de Aldana, esta parte fue descubierta en la década de 1930, pero no fue interpretada como es debido. En las correcciones aplicaron "el mismo principio que se utiliza para los años bisiestos en el calendario gregoriano", destaca el nuevo estudio.
Uno de los jeroglíficos, que contiene el verbo k'al, fue interpretado dándole a este término el significado de "encerrar". Esto permitió descubrir que no se trataba de un mero cálculo numerológico, sino que además era aplicado a ciclos de un calendario más preciso, con los ajustes necesarios para incluir un registro histórico de eventos astronómicos, que les serviría para consultas futuras.
"Es exactamente lo que hicieron griegos y egipcios", señala Aldana, revelando además que en Honduras, en la ciudad maya de Copán, existe también un registro de Venus que se corresponde con las observaciones del códice de Dresde. Asimismo, en el calendario se trazaron ciertos eventos como actos rituales.
"Cuando uno lo observa como un registro histórico, cambia su interpretación. Fue todo un logro de la ciencia maya y no una rareza numerológica. Tal vez nunca se sepa exactamente quién hizo este descubrimiento, pero sí hay que redefinirlo como una obra histórica de la ciencia maya".

Por último, hay que recordar que el Códice de Dresde contiene también los ciclos de la Luna y los eclipses, y según indican en su estudio Harvey y Victoria Bricker, de la página 43b a la 45b aparecen escritos relacionados con el ciclo sinódico del planeta Marte. Por lo tanto, la tabla de Marte tampoco sería un simple calendario vinculado a la meteorología y la agricultura, un hecho que ya había señalado con anterioridad Eric S. Thompson en declaraciones que provocaron gran controversia y oposición en su momento.



29/10/16

LOS SEÑORES DE VENUS (II)


Cuando el Manu hubo formado el tipo de Su Raza, la condujo hacia Asia Central, allí se estableció por largo periodo de tiempo, allí se fijó la residencia de la Raza de donde debían surgir sus diversos brotes.
Entonces tuvo lugar la primera gran emigración, hace quizás unos 850.000 años. La primera subraza llamada a menudo la Aria, aunque este nombre abarca a toda la Quinta Raza, fue conducida hacia el sur, a través del gran cinturón de los Himalayas y se estableció en la India del norte, en Aryavarta. A su cabeza estaban los "siete Rishis"; Marichi, Atri, Pulastya, Pulaha (Kavi?), Angiras (Kratn?), Kardama y Daksha -variando estos nombres en los distintos catálogos- los cuales habían durante largo tiempo dirigido la evolución. En el Manusmriti vemos estos nombres, excepto que Daksha es llamado Prachetas. Con estos se hallaban además otros tres, completando así los "diez Rishis", Vashishtha, Bhrigu y Narada. Estos Rishis condujeron a la primera subraza hacia la India, dividida ya en cuatro castas por el Manu. Bajo la dirección de sus Reyes divinos peleó contra los pueblos que ocupaban las tierras de donde procedía; contra los Titanes que quedaban de la tercera Raza, y contra los Daityas y Rakshasas de la cuarta. ¿Quién no conoce la historia de Ramachandra peleando contra los Rakshasas bajo las órdenes de su gran Rey Ravana, y extendiendo su imperio desde los Himalayas hasta el mar del sur?

Debe bastarnos recordar que estos Arios recibieron directamente el Zodiaco de manos de los Hijos de voluntad y de yoga, quienes vivieron entre ellos como instructores, de "Las Serpientes que volvieron a descender, que hicieron la paz con la quinta, y que la enseñaron e instruyeron", se nos dice, que trajeron consigo de Asia Central el lenguaje Senzar, la "lengua sacerdotal secreta", el verdadero "lenguaje de los Dioses", del cual se derivó el sánscrito, la lengua del misterio de los Iniciados todavía, y que de entre ellos surgieron los Veinticuatro Buddhas, todavía reverenciados entre los Jainas como los Veinticuatro Tirthamkaras.

La segunda subraza de la Quinta Raza, la Ario-Semítica, emigró desde Asia Central hacia occidente; pobló Afganistán, pasó a lo largo del Oxus, y cruzando el Eufrates, penetró en Arabia y Siria. Esta subraza, deteniéndose a lo largo de esta marcha, arianizó gran número de tribus turanias y akadias, y los grandes Imperios de Asiria y Babilonia surgieron como resultado de sus energías.
Los fenicios, los últimos egipcios y los antiguos griegos procedían de su unión con la séptima subraza Atlante. "Las ultimas siete dinastías de que se habla en los anales egipcios y caldeos", dice H. P. B., pertenecen a la Quinta Raza. Algunos brotes de esta Raza se dirigieron hacia el oriente, y mezclándose con la subraza Mongola que habitaba a lo largo del litoral de China, dió nacimiento a los chinos de las costas, así como a la familia que actualmente se sienta en el Trono del Dragón de China.

La tercera subraza, la Irania, se dirigió, siguiendo las huellas de la segunda, guiada por Zarathustra hacia el norte y oriente, en su mayor parte se estableció en Afganistán y Persia, viviendo el gran Profeta en este último país. Algunos de sus brotes llegaron hasta Arabia, y luego penetraron en Egipto, mezclándose allí con los egipcios atlantes.

Estas dos últimas subrazas atrajeron a la población de la cuarta Raza al culto de Surya, el Sol, a cuyos sacerdotes se les daba el nombre de Magos. Estos Magos pretendían proceder de Shakudvipa, o Shvetadvipa, la Isla Blanca, y esta pretensión estaba bastante bien fundada, teniendo en cuenta su remoto origen, pues toda verdadera doctrina procedió de los moradores de esta Tierra Bendita, ya sea que este nombre se emplease para significar la imperecedera Tierra Sagrada, o en sustitución del de Ciudad Santa, Shamballa, situada en el Desierto de Gobi.
Dirigidos por los Instructores de la segunda subraza, estos Imperios abrazaron el Sabeísmo, el culto de los Seres que gobiernan las esferas celestes, los "Ángeles de las Estrellas", y el culto caldeo a las mayores alturas de sabiduría y pureza, pues los Magos caldeos eran astrónomos y astrólogos que estaban profundamente versados en la ciencia de los cuerpos celestes, y ellos eran quienes dirigían el Estado por medio de instrucciones basadas en el estudio de las estrellas.

En los tiempos de la tercera subraza, dirigida por sus Instructores, a cuya cabeza se hallaba el primer Zarathushtra -cuyo nombre paso desde uno a otro Instructor hasta el numero de catorce- fue prohibido el culto de los Ángeles de las Estrellas a consecuencia de los abusos que se cometían, y se dió al Fuego como a único símbolo permisible de la Deidad. Los sabios de Persia, llamados también frecuentemente Magos, eran más partidarios de la química que de la astronomía, debido en parte a la gran importancia que tiene por lo que a la agricultura se refiere, a la cual la subraza Irania se dedicaba preferentemente. Esta preferencia por la química les condujo a un gran desarrollo de la alquimia, y muchas huellas de su poder pueden encontrarse en Egipto con respecto a la misma.

La cuarta subraza, Ia Céltica, emigró, dirigida por Orfeo, hacia occidente, pasando más allá de los límites de sus predecesoras. Primero pobló Grecia con los últimos griegos; luego se esparció por Italia y hacia el norte de Francia, y más todavía hacia el norte, penetró en las antiguas tierras Atlantes de Irlanda y Escocia, poblando, además, la joven tierra de Inglaterra.

Es interesante observar de que modo la simbología del Dragón y de la Serpiente, como nombres aplicados a los Iniciados elevados, aparecen entre todos estos pueblos tan estrechamente relacionados. Los Hierofantes de Babilonia y Egipto, los druidas, los fenicios, todos son hijos del Dragón o la Serpiente. Este símbolo procedió de los Atlantes, y hasta de los Lemures, y así paso sucesivamente a la Quinta Raza. En México y por América se presenta a cada paso como uno de los símbolos universales perteneciente a los primitivos Instructores de la humanidad.

La quinta subraza, la Teutonica, emigró también hacia occidente, poblando toda la Europa Central, actualmente se extiende por el mundo. Ha poblado la mayor parte de América del Norte, expulsando al antiguo tronco Atlante. Se ha posesionado de Australia y Nueva Zelanda, los restos de la más antigua Lemuria y las reliquias de esta decadente raza se van extinguiendo ante ella, destinada a constituir un vasto Imperio y a dirigir los destinos de la civilización. Sin embargo, también fenecerá a medida que se vayan sucediendo las edades, y Krauncha seguirá a Plaksha, Shalmali y Kusha. Entonces debe alzarse Shaka como continente de la Sexta Raza Raíz, surgiendo del punto en donde se halla actualmente América del Norte, pues la mayor parte de esta tierra había sido previamente cuarteada por los terremotos y fuegos volcánicos. Shaka fenecerá a su vez sumergido por las olas, como lo fue Kusha y Pushkara. El séptimo continente, surgirá y florecerá, siendo su centro cerca del punto en donde ahora se halla América del Sur. Entonces llegará el fin de nuestro globo, la conclusión de su larga y extraordinaria historia, sumergiéndose en un sueño tranquilo, después de su dilatado día de labor y vigilia.
Los mundos fenecen, una Ronda se sucede a otra Ronda, una Cadena sigue a otra Cadena; pero el Espíritu eterno que ahora se reviste de cuerpos humanos, El solo persiste y persiste eternamente.

Extracto del libro Genealogía del Hombre - Annie Besant

21/10/16

LOS SEÑORES DE VENUS (I)

Cuando los Señores de Venus (los Dragones de Sabiduría, como a veces se les llama) descendieron a nuestra tierra, trajeron consigo las semillas de diversos tipos de seres vivientes desarrollados en Venus, con el objeto de beneficiar y apresurar la evolución terrestre.

Cuando se describe la llegada de Manu (Anu) con otros Rishis, se dice que trajo consigo en su nave -el Arca- muchas semillas de vida. Y estas semillas no eran únicamente las de la vida espiritual e intelectual, sino también las de la vida física tal como existía en Venus.
El trigo, por ejemplo, no pertenece a nuestra tierra, y muchos son los botánicos que se hallan perplejos con respecto a su origen. Por medio del cruzamiento del trigo producido por las semillas procedentes de Venus con las hierbas indígenas de la tierra, los primeros instructores desarrollaron los diversos granos alimenticios.
Las abejas y hormigas, con sus especiales sistemas sociales y bien dirigidos esfuerzos, proceden de Venus; proceden de una esfera en donde toda evolución ha progresado mucho más que la nuestra, de modo que hasta en los reinos de la vida vegetal y animal, todo se halla en un nivel mucho más elevado que el que nosotros hemos alcanzado hasta el presente.

Estos “Dragones de Sabiduría” son los primitivos Adeptos de la tercera Raza, y más adelante de la cuarta y quinta, dice H. P. Blavatsky: Ellos eran los "Hijos del Fuego", los discípulos inmediatos de los "Padres", la "Llama Primordial". Ellos dieron los Buddhas; esto es, el Buddha supremo y el Bodhisattva a la Tercera Raza, así como muchos Arhats, formando también parte veinticuatro de los Señores que tenían estas mismas categorías en la cuarta y quinta Razas, siendo la mayor parte de estos Seres Pitris Agnishvatta, conocidos entre los Jainas como los veinticuatro Tirthankaras.
Los divinos Hermafroditas del punto medio de la tercera Raza, los "Padres inmaculados", como se les llama, crearon Hijos por medio de la voluntad y del yoga, para la encarnación de los más elevados Agnishvatta, los "Antecesores -los antepasados espirituales- de todos los subsecuentes y presentes Arhats o Mahatmas" esto es, sus Gurús; y se nos dice que, en la séptima Raza, estos Hijos de la voluntad y del yoga, junto con otros como ellos, producirán hijos nacidos de la mente.
Estos Hijos son Aquellos que, vigilando la evolución de las últimas tercera y cuarta Razas, se irritaron con los hijos de los Atlantes, cuando éstos cayeron en la degradación y fueron víctimas de la gran catástrofe que los sumergió debajo de las aguas del océano. Constantemente se habla de Ellos como de los instructores divinos, Aquellos que dirigen la evolución espiritual humana y guían las fuerzas cósmicas para favorecerla y estimularla.

Los Reyes divinos de las más primitivas dinastías que dirigieron el desarrollo intelectual de la humanidad, que le enseñaron las artes y las ciencias, y que guiaron su evolución social, eran algunos de los más elevados Pitris Agnishvata. Estos Pitris eran los Titan-Kabirim, a los cuales se alude en los anales de los pueblos más antiguos.
H. P. B. dice: "Ellos son en verdad los grandes y benéficos poderosos Dioses. En Tebas, Corea y Demeter, los Kabirim tenían un santuario, y en Menfis los Kabiri tenían un templo tan sagrado, que nadie, excepto los sacerdotes, podían entrar en sus sagrados recintos... Ellos fueron en el principio de los tiempos, los Directores de la humanidad, cuando encarnaron como Reyes de las dinastías divinas. Ellos dieron el primer impulso a la civilización, y dirigieron la inteligencia con la cual habían dotado al hombre hacia la invención y perfeccionamiento de todas las artes y ciencias. Por esto se dice que los Kabiri aparecieron como los bienhechores de los hombres, y como tales vivieron durante edades en la memoria de los pueblos. A estos Kabiri o Titanes se atribuye la invención de la escritura, de las leyes y la legislatura, de la arquitectura, así como de las diversas formas de la llamada magia y del empleo medicinal de las plantas".
Los ocultistas llaman también Manushis a estos Seres divinos, quienes enseñaron la lengua sagrada, el Senzar, a la tercera y cuarta Razas.
Extracto del libro Genealogía del Hombre - Annie Besant