30/11/16

URANO (ASTROLOGÍA ESOTÉRICA)

Urano funciona en aquellos que pueden pensar aparte del cerebro, aquellos que han trascendido la comprensión mercuriana. Mercurio significa discriminación, representa la mente superior, representa a budhi, la lógica, el razonamiento, lo racional, y aquí es donde Urano marca un estado superior al de Mercurio. Esto quiere decir que su función va más allá de la comprensión, más allá de las percepciones normales. Exige percepciones extras, percepciones extrasensoriales. Su funcionamiento es eléctrico. Sin duda el cerebro es eléctrico, pero Urano es cerebro con cerebro.
El Maestro lo llama impulso eléctrico. Muchas cosas suceden antes de que entendáis qué está pasando.

Normalmente, los seres humanos piensan, comprenden y hacen. Los tontos no comprenden y hacen. Aquí también sucede la acción incluso antes de la comprensión, pero no se trata de estupidez, allí donde trabaja Urano, la acción ocurre primero y la comprensión viene más tarde, porque Urano no puede esperar hasta que vuestros cerebros comprendan; es una energía que va a gran velocidad. No es necesario que entendáis y hagáis. Se hace a través vuestro y después ya entenderéis por qué lo habéis hecho y cómo lo habéis hecho tan bien, algo ha ocurrido a través vuestro de una forma que está más allá de vuestra propia capacidad.
El Maestro dice: “Se necesitan 4 ciclos de 60 años para saber lo que estoy haciendo”. No es místico, es científico, es la ciencia del futuro; la ciencia futura hoy es ficción. Es puramente Acuariana, que quiere decir que está al borde de la percepción, se percibe y no se percibe. Es como el aire suave, que está y no está. El cerebro humano es incapaz de comprender: “Dejad que suceda; después, lentamente, con distancia retrospectiva, la gente entenderá”.

Hoy en día, globalmente, están teniendo lugar muchos acontecimientos, y su significado se comprende mejor mirándolos retrospectivamente. La antigua afirmación que dice “piensa antes de actuar” ya no es válida para aquellos que pueden pensar aparte del cerebro. No intentéis comprenderlo, lo único que conseguiréis es romperos la cabeza. Este es el entendimiento de la energía de Urano.
La energía de Urano trabaja a través de aquellos que pueden pensar aparte del cerebro; esta es la primera parte. La segunda parte supone trascender las ecuaciones mercurianas. Mercurio representa las matemáticas. Pero Urano representa las matemáticas superiores. Es una ecuación matemática todavía no manifestada. En las escrituras sagradas se llama Mahat. Mahat es el plano de la creación donde lo invisible se vuelve visible. Lo imperceptible se vuelve perceptible.
Hay personas que trabajan en el ámbito de la sabiduría y saben que no pueden entender este funcionamiento de Urano. La energía de Urano incluso les hace inclinarse y conseguir que se hagan las cosas. Y, lentamente, la mente superior entenderá. Así es como muchas enseñanzas se transmiten antes de que sean comprendidas, es decir, el transmisor no lo comprendía mientras lo expresaba.
Esta es la experiencia de muchos maestros del ocultismo, cuando empiezan a hablar sobre un tema ocultista, ellos ya tienen su propia preparación y comprensión; pero cuando abren la boca, comienzan a expresar cuestiones totalmente diferentes. El cerebro superior del que habla se utiliza como un mediador, y así sucede el funcionamiento eléctrico de Urano. A menudo, el que habla ha de retroceder y tomar notas sobre lo que ha dicho, porque incluso para él, esta información es nueva. No habla desde lo conocido, sino desde lo desconocido. Se le llama enseñanzas por impresión.
El Maestro es impresionado en aquel momento y lugar y entonces, se expresa la enseñanza que es fresca y viva, y hasta ese momento, desconocida incluso para el propio Maestro.
Del mismo modo, también hay escritos por impresión. Hay un cerebro, más allá del cerebro búdico, que se posiciona en vosotros y os conduce. Mercurio, la mente superior, tendrá que reflexionar sobre ello durante algún tiempo. No es un repentino y precipitado acto de ignorancia, es una función eléctrica que el Maestro denomina “Impulso Eléctrico”, como un relámpago, un destello.

En el ritual del fuego hay un mantra que se llama Fhat, en una fracción de segundo las cosas ocurren. Por este motivo no podéis hacer cálculos de las posibilidades futuras. Mucha gente tiene sus propios cálculos basados en su comprensión búdica. Pero para Urano, budhi es muy pequeño. No tiene tiempo de informar a budhi. Actúa y más tarde ya entenderá.
Así que las personas que se limitan a sí mismas al entendimiento búdico permanecen pobres en su sabiduría. Necesitan estar abiertos en todo momento a todas las posibilidades. La sabiduría puede centellear sobre vosotros si desarrolláis este tipo de apertura. Urano representa el aspecto más elevado de la intuición y es también el aspecto más elevado de Mercurio.
Fuente: Extracto del Tratado de los Siete Rayos de A.A. Bailey.

24/11/16

EL IDIOMA DEL CIELO


Puede que parezca absurdo sugerir que los seres espirituales en el cielo conversan en alguna clase de lenguaje como el que nosotros solemos emplear, un lenguaje como lo conocemos impone en razón de su misma naturaleza unas limitaciones a la comunicación de nuestros pensamientos unos con otros. Desde luego, esta clase de limitaciones no existen en el cielo.
No se puede imaginar que Dios Padre «hable» con Dios Hijo en este sentido limitador, aunque sería concebible que los ángeles hablen entre sí y que Dios les hable a ellos. Naturalmente, es posible que haya alguna forma totalmente distinta de comunicación, de la que no sepamos nada por ahora, pero que pudiera tener alguna relación con la realidad de la inspiración por ejemplo con la clase de inspiración que lleva la telepatía.

La Escritura registra una cantidad de conversaciones en el cielo entre Dios y los ángeles, y entre los ángeles mismos, como en Job 1:6 y Daniel 10:21. En este último caso hay una sugerencia de algo que tiene la naturaleza de un argumento verbal.
En cualquier caso, Dios ha hablado al hombre, y quizá no carece de significación que cuando así lo hizo, tanto por escrito al dar los Diez Mandamientos y sobre la pared en el palacio de Belsasar, como en conversación directa como cuando habló al Primer Adán y al Postrer Adán, e incluso por medio del postrer Adán al hombre (en arameo), el lenguaje es siempre alguna forma de semita. Se puede argüir que esto era inevitable, por cuanto el pueblo hebreo había sido escogido como intermediario de Dios por lo que respectaba a Su revelación.
Esta podría ser una explicación totalmente suficiente excepto por dos circunstancias que pueden tener una significación especial:
(a) el nombre original que Adán aplicó a su ayuda idónea, y (b) los nuevos nombres dados a dos convertidos en el Nuevo Testamento.
Ante todo se debería decir algo acerca de la significancia de los nombres, se puede decir que en casi todas las otras sociedades no occidentales un nombre personal no es meramente una designación útil con propósitos de identificación, sino que constituye la identidad personal del individuo. Este principio de identidad se origina en la antigüedad. Una de las más antiguas tabletas cuneiformes de interés especial para los estudiosos de la Biblia, trata de la historia de la creación y describe el tiempo antes de la formación de la tierra -esto es, cuando no existía- como un tiempo en el que la tierra «no estaba nombrada».

Tiempo hubo que el Cielo arriba no estaba nombrado, que a la tierra abajo nombre no le había sido dado”.

La narración en la que Adán da nombre a los animales que le son presentados es mucho más significativa de lo que solemos suponer, porque los nombres que les dio no eran meramente designaciones, sino resúmenes de sus características. Por estos nombres indicaba su reconocimiento del hecho de que ninguno de ellos era una contrapartida adecuada de su propio ser y que por ello no podían ser una verdadera ayuda idónea para él.
Cuando despertó del profundo sueño que le sobrevino a continuación, y cuando vio que Dios le había traído otra de Sus criaturas, en el acto percibió en ella a su verdadera ayuda idónea.
Por el nombre que le dio, demostró su conciencia de la relación que tenía con él. Su nombre original no fue Eva (nombre que recibió posteriormente), sino mujer. La palabra mujer es traducción de un término semítico que es la forma femenina de la palabra para varón.
Hombre es Ish, mujer es Ishah. En ningún otro lenguaje aparece como cosa cierta que la palabra para mujer sea el femenino para la palabra para varón. Compárese por ejemplo el latín vir para varón, mulier para mujer; el griego anêr para varón, gunê para mujer. En inglés, la palabra woman es una forma contraída de un término original «woof-man», que significaba «el hombre que teje». En castellano, las formas señor y señora parecen en principio paralelas, pero señor no es realmente la palabra para «varón», ni señora la palabra para «mujer». Se trata más exactamente de tratamientos de cortesía como «sir» y «lady» en inglés (aunque sí se debe observar que las traducciones bíblicas españolas en general emplean en este pasaje un término poco usado pero aceptado formalmente, traduciendo Ishah como «varona». En los diccionarios normativos de la lengua española no es un término de uso cotidiano.
Esta circunstancia excepcional en la historia de Adán y Eva constituye por sí misma una cierta prueba de que la forma de habla que Adán empleó era la semita, por cuanto hubiera sido cosa bien natural que el primer ser humano hubiera designado a su ayuda idónea mediante una forma modificada de su propio nombre.

Ahora bien, así como un nombre se identifica con existencia, del mismo modo un nuevo nombre se identifica con una nueva existencia. Este es un concepto extendido, y en muchas otras sociedades una persona que cambia de posición adopta generalmente un nombre nuevo (y a menudo secreto). Y cualquier persona que padezca una enfermedad durante un período anormalmente largo intentará remediarlo cambiando de nombre, convirtiéndose así en otro individuo y librándose con ello de la enfermedad unida al antiguo.
En tiempos recientes se han comunicado algunos casos instructivos de esto, incluso en nuestras propias instituciones mentales.

Jacob recibió un nuevo nombre después de una lucha espiritual muy señalada, y después parece haber sido llamado por ambos nombres, el viejo o el nuevo, quizá dependiendo de si era el viejo hombre o el nuevo el que estaba a la vista. La nación que surgió de él parece haber sido tratada de la misma forma.
Así, en tanto que la Palabra de Dios era enviada a Jacob, solo caía en Israel (Is. 9:8). De forma similar, aquel gran y terrible día de la tribulación será el día de la angustia de Jacob (Jer. 30:7), pero solo Israel será salvado (Ro. 11:26). Un israelita así era Natanael, designado por el Señor como «un verdadero israelita» (Jn. 1:47), como para resaltar la distinción. En Isaías 45:4 Jacob es meramente un siervo, mientras que Israel es Su escogido, que goza de una nueva relación con Él.
Naturalmente, ambos nombres Jacob e Israel son palabras semíticas, de modo que el nuevo nombre no se daba a este respecto en un lenguaje diferente.
Pero en el Nuevo Testamento tenemos a dos personas que reciben nombres nuevos:
Pedro (que es griego), y Marcos (que es latín), y que reciben también nombres semíticos. Pedro fue posteriormente renombrado Cefas, el original es una combinación de dos palabras hebreas. Al igual que Jacob, Pedro no siempre estuvo a la altura de su nuevo nombre, excepto que Pablo se refiere a él constantemente con el nombre de Cefas en su Primera Epístola a los Corintios (1:12; 9:5; 15:5).
Pablo mismo recibió un cambio de nombre, y la ocasión del cambio es significativa. No coincidió con su conversión. Saulo se convirtió en Hechos 9, pero se le sigue designando como Saulo en Hechos 13:2. Sin embargo, en Hechos 13:2 leemos esta declaración: «Entonces Saulo (que también es Pablo), lleno del Espíritu Santo ...». A partir de entonces nunca se le vuelve a mencionar por su viejo nombre.

Por estos pocos fragmentos de luz, el nuevo Nombre que vamos a recibir, y que está oculto en este momento, resumirá de una manera singular toda nuestra nueva personalidad en Cristo, y probablemente tendrá significado en semítico, el lenguaje del cielo, donde está nuestra ciudadanía.

De Génesis hacia finales del siglo XIX, se ilustra de forma maravillosa la universalidad del idioma del cielo:
«Dos creyentes de diferentes países se conocieron en una conferencia y observaron cada uno en el otro evidencias inequívocas de su común fe. Se acercaron con las manos extendidas en señal de bienvenida, y, aunque totalmente incapaces de pronunciar una palabra en el idioma del otro, se comunicaron perfectamente cuando uno dijo, ¡Aleluya! y el otro respondió en el acto: “¡Amén!”»

Fuente: Time and Eternity, vol. 6 of the Doorway Papers, 1975.
[Originalmente Doorway Paper # 8 - Ottawa, Ontario 1961 / Rev. 1977] www.custance.org

 

11/11/16

LA TABLA DE VENUS MAYA

Un equipo de investigadores de la Universidad de Santa Bárbara en California (UCSB) ha hecho público que la Tabla de Venus del Códice de Dresde Maya, contiene datos astronómicos de tal precisión que no pueden ser considerados un mero apunte numerológico, sino que constituyen un gran descubrimiento matemático y astronómico con más de mil años de antigüedad.
"La tabla de Venus ha sido malentendida y muy poco apreciada. No hemos sabido ver que es todo un descubrimiento científico real, hecho por los mayas en una ciudad maya", ha declarado sobre el hallazgo Gerardo Aldana, profesor de antropología y autor del estudio "Descubriendo un descubrimiento", publicado el pasado 16 de agosto en Journal of Astronomy in Culture.

El Códice de Dresde fue comprado en 1739 por Johann Christian Götze, director de la Biblioteca Real de Dresde. Consta de 39 hojas escritas e ilustradas con una longitud total de 3,56 metros, y se encuentra expuesto en el Museo de la Biblioteca de Dresde, Alemania.
Junto al equipo de especialistas que ha analizado los jeroglíficos, Gerardo Aldana ha explicado que en la tabla se puede observar un avanzado calendario de Venus, probablemente desarrollado en la ciudad maya de Chichen Itzá durante el período clásico final de la cultura maya, entre los años 800 y 1.000 d.C.
Se desconoce quién fue el autor de tan avanzados cálculos matemáticos, pero por el contenido, se cree que fue un encargo de K'ak 'U Pakal K'awiil, una de las más prominentes figuras históricas de la ciudad, "estamos estudiando el trabajo de un individuo maya, y él o ella pudo ser un científico, un astrónomo".
Por su parte, el investigador Anthony F. Aveni escribía lo siguiente en su estudio de 1992 sobre la cultura maya:“El Códice de Dresde, uno de los cuatro documentos escritos mayas que sobrevivieron a la conquista, proporciona evidencias concretas del tema dominante de los ciclos en los calendarios mayas. Un repaso completo de la tabla de Venus resume perfectamente, las cifras exactas de los ciclos de Venus, Haab y Tzolkin; su disposición garantiza que la fecha de celebración del ascenso matinal helicoidal del planeta, tras la conjunción inferior, siempre será el día 1 Ahau”.

La tabla de Venus aparece en la página 24 del Códice, y en su prefacio se lee una corrección del ciclo de Venus, que es de 583,92 días, lo que lo hace irregular y provoca que con el tiempo, se vaya acumulando un error. Según ha señalado el equipo de Aldana, esta parte fue descubierta en la década de 1930, pero no fue interpretada como es debido. En las correcciones aplicaron "el mismo principio que se utiliza para los años bisiestos en el calendario gregoriano", destaca el nuevo estudio.
Uno de los jeroglíficos, que contiene el verbo k'al, fue interpretado dándole a este término el significado de "encerrar". Esto permitió descubrir que no se trataba de un mero cálculo numerológico, sino que además era aplicado a ciclos de un calendario más preciso, con los ajustes necesarios para incluir un registro histórico de eventos astronómicos, que les serviría para consultas futuras.
"Es exactamente lo que hicieron griegos y egipcios", señala Aldana, revelando además que en Honduras, en la ciudad maya de Copán, existe también un registro de Venus que se corresponde con las observaciones del códice de Dresde. Asimismo, en el calendario se trazaron ciertos eventos como actos rituales.
"Cuando uno lo observa como un registro histórico, cambia su interpretación. Fue todo un logro de la ciencia maya y no una rareza numerológica. Tal vez nunca se sepa exactamente quién hizo este descubrimiento, pero sí hay que redefinirlo como una obra histórica de la ciencia maya".

Por último, hay que recordar que el Códice de Dresde contiene también los ciclos de la Luna y los eclipses, y según indican en su estudio Harvey y Victoria Bricker, de la página 43b a la 45b aparecen escritos relacionados con el ciclo sinódico del planeta Marte. Por lo tanto, la tabla de Marte tampoco sería un simple calendario vinculado a la meteorología y la agricultura, un hecho que ya había señalado con anterioridad Eric S. Thompson en declaraciones que provocaron gran controversia y oposición en su momento.



29/10/16

LOS SEÑORES DE VENUS (II)


Cuando el Manu hubo formado el tipo de Su Raza, la condujo hacia Asia Central, allí se estableció por largo periodo de tiempo, allí se fijó la residencia de la Raza de donde debían surgir sus diversos brotes.
Entonces tuvo lugar la primera gran emigración, hace quizás unos 850.000 años. La primera subraza llamada a menudo la Aria, aunque este nombre abarca a toda la Quinta Raza, fue conducida hacia el sur, a través del gran cinturón de los Himalayas y se estableció en la India del norte, en Aryavarta. A su cabeza estaban los "siete Rishis"; Marichi, Atri, Pulastya, Pulaha (Kavi?), Angiras (Kratn?), Kardama y Daksha -variando estos nombres en los distintos catálogos- los cuales habían durante largo tiempo dirigido la evolución. En el Manusmriti vemos estos nombres, excepto que Daksha es llamado Prachetas. Con estos se hallaban además otros tres, completando así los "diez Rishis", Vashishtha, Bhrigu y Narada. Estos Rishis condujeron a la primera subraza hacia la India, dividida ya en cuatro castas por el Manu. Bajo la dirección de sus Reyes divinos peleó contra los pueblos que ocupaban las tierras de donde procedía; contra los Titanes que quedaban de la tercera Raza, y contra los Daityas y Rakshasas de la cuarta. ¿Quién no conoce la historia de Ramachandra peleando contra los Rakshasas bajo las órdenes de su gran Rey Ravana, y extendiendo su imperio desde los Himalayas hasta el mar del sur?

Debe bastarnos recordar que estos Arios recibieron directamente el Zodiaco de manos de los Hijos de voluntad y de yoga, quienes vivieron entre ellos como instructores, de "Las Serpientes que volvieron a descender, que hicieron la paz con la quinta, y que la enseñaron e instruyeron", se nos dice, que trajeron consigo de Asia Central el lenguaje Senzar, la "lengua sacerdotal secreta", el verdadero "lenguaje de los Dioses", del cual se derivó el sánscrito, la lengua del misterio de los Iniciados todavía, y que de entre ellos surgieron los Veinticuatro Buddhas, todavía reverenciados entre los Jainas como los Veinticuatro Tirthamkaras.

La segunda subraza de la Quinta Raza, la Ario-Semítica, emigró desde Asia Central hacia occidente; pobló Afganistán, pasó a lo largo del Oxus, y cruzando el Eufrates, penetró en Arabia y Siria. Esta subraza, deteniéndose a lo largo de esta marcha, arianizó gran número de tribus turanias y akadias, y los grandes Imperios de Asiria y Babilonia surgieron como resultado de sus energías.
Los fenicios, los últimos egipcios y los antiguos griegos procedían de su unión con la séptima subraza Atlante. "Las ultimas siete dinastías de que se habla en los anales egipcios y caldeos", dice H. P. B., pertenecen a la Quinta Raza. Algunos brotes de esta Raza se dirigieron hacia el oriente, y mezclándose con la subraza Mongola que habitaba a lo largo del litoral de China, dió nacimiento a los chinos de las costas, así como a la familia que actualmente se sienta en el Trono del Dragón de China.

La tercera subraza, la Irania, se dirigió, siguiendo las huellas de la segunda, guiada por Zarathustra hacia el norte y oriente, en su mayor parte se estableció en Afganistán y Persia, viviendo el gran Profeta en este último país. Algunos de sus brotes llegaron hasta Arabia, y luego penetraron en Egipto, mezclándose allí con los egipcios atlantes.

Estas dos últimas subrazas atrajeron a la población de la cuarta Raza al culto de Surya, el Sol, a cuyos sacerdotes se les daba el nombre de Magos. Estos Magos pretendían proceder de Shakudvipa, o Shvetadvipa, la Isla Blanca, y esta pretensión estaba bastante bien fundada, teniendo en cuenta su remoto origen, pues toda verdadera doctrina procedió de los moradores de esta Tierra Bendita, ya sea que este nombre se emplease para significar la imperecedera Tierra Sagrada, o en sustitución del de Ciudad Santa, Shamballa, situada en el Desierto de Gobi.
Dirigidos por los Instructores de la segunda subraza, estos Imperios abrazaron el Sabeísmo, el culto de los Seres que gobiernan las esferas celestes, los "Ángeles de las Estrellas", y el culto caldeo a las mayores alturas de sabiduría y pureza, pues los Magos caldeos eran astrónomos y astrólogos que estaban profundamente versados en la ciencia de los cuerpos celestes, y ellos eran quienes dirigían el Estado por medio de instrucciones basadas en el estudio de las estrellas.

En los tiempos de la tercera subraza, dirigida por sus Instructores, a cuya cabeza se hallaba el primer Zarathushtra -cuyo nombre paso desde uno a otro Instructor hasta el numero de catorce- fue prohibido el culto de los Ángeles de las Estrellas a consecuencia de los abusos que se cometían, y se dió al Fuego como a único símbolo permisible de la Deidad. Los sabios de Persia, llamados también frecuentemente Magos, eran más partidarios de la química que de la astronomía, debido en parte a la gran importancia que tiene por lo que a la agricultura se refiere, a la cual la subraza Irania se dedicaba preferentemente. Esta preferencia por la química les condujo a un gran desarrollo de la alquimia, y muchas huellas de su poder pueden encontrarse en Egipto con respecto a la misma.

La cuarta subraza, Ia Céltica, emigró, dirigida por Orfeo, hacia occidente, pasando más allá de los límites de sus predecesoras. Primero pobló Grecia con los últimos griegos; luego se esparció por Italia y hacia el norte de Francia, y más todavía hacia el norte, penetró en las antiguas tierras Atlantes de Irlanda y Escocia, poblando, además, la joven tierra de Inglaterra.

Es interesante observar de que modo la simbología del Dragón y de la Serpiente, como nombres aplicados a los Iniciados elevados, aparecen entre todos estos pueblos tan estrechamente relacionados. Los Hierofantes de Babilonia y Egipto, los druidas, los fenicios, todos son hijos del Dragón o la Serpiente. Este símbolo procedió de los Atlantes, y hasta de los Lemures, y así paso sucesivamente a la Quinta Raza. En México y por América se presenta a cada paso como uno de los símbolos universales perteneciente a los primitivos Instructores de la humanidad.

La quinta subraza, la Teutonica, emigró también hacia occidente, poblando toda la Europa Central, actualmente se extiende por el mundo. Ha poblado la mayor parte de América del Norte, expulsando al antiguo tronco Atlante. Se ha posesionado de Australia y Nueva Zelanda, los restos de la más antigua Lemuria y las reliquias de esta decadente raza se van extinguiendo ante ella, destinada a constituir un vasto Imperio y a dirigir los destinos de la civilización. Sin embargo, también fenecerá a medida que se vayan sucediendo las edades, y Krauncha seguirá a Plaksha, Shalmali y Kusha. Entonces debe alzarse Shaka como continente de la Sexta Raza Raíz, surgiendo del punto en donde se halla actualmente América del Norte, pues la mayor parte de esta tierra había sido previamente cuarteada por los terremotos y fuegos volcánicos. Shaka fenecerá a su vez sumergido por las olas, como lo fue Kusha y Pushkara. El séptimo continente, surgirá y florecerá, siendo su centro cerca del punto en donde ahora se halla América del Sur. Entonces llegará el fin de nuestro globo, la conclusión de su larga y extraordinaria historia, sumergiéndose en un sueño tranquilo, después de su dilatado día de labor y vigilia.
Los mundos fenecen, una Ronda se sucede a otra Ronda, una Cadena sigue a otra Cadena; pero el Espíritu eterno que ahora se reviste de cuerpos humanos, El solo persiste y persiste eternamente.

Extracto del libro Genealogía del Hombre - Annie Besant

21/10/16

LOS SEÑORES DE VENUS (I)

Cuando los Señores de Venus (los Dragones de Sabiduría, como a veces se les llama) descendieron a nuestra tierra, trajeron consigo las semillas de diversos tipos de seres vivientes desarrollados en Venus, con el objeto de beneficiar y apresurar la evolución terrestre.

Cuando se describe la llegada de Manu (Anu) con otros Rishis, se dice que trajo consigo en su nave -el Arca- muchas semillas de vida. Y estas semillas no eran únicamente las de la vida espiritual e intelectual, sino también las de la vida física tal como existía en Venus.
El trigo, por ejemplo, no pertenece a nuestra tierra, y muchos son los botánicos que se hallan perplejos con respecto a su origen. Por medio del cruzamiento del trigo producido por las semillas procedentes de Venus con las hierbas indígenas de la tierra, los primeros instructores desarrollaron los diversos granos alimenticios.
Las abejas y hormigas, con sus especiales sistemas sociales y bien dirigidos esfuerzos, proceden de Venus; proceden de una esfera en donde toda evolución ha progresado mucho más que la nuestra, de modo que hasta en los reinos de la vida vegetal y animal, todo se halla en un nivel mucho más elevado que el que nosotros hemos alcanzado hasta el presente.

Estos “Dragones de Sabiduría” son los primitivos Adeptos de la tercera Raza, y más adelante de la cuarta y quinta, dice H. P. Blavatsky: Ellos eran los "Hijos del Fuego", los discípulos inmediatos de los "Padres", la "Llama Primordial". Ellos dieron los Buddhas; esto es, el Buddha supremo y el Bodhisattva a la Tercera Raza, así como muchos Arhats, formando también parte veinticuatro de los Señores que tenían estas mismas categorías en la cuarta y quinta Razas, siendo la mayor parte de estos Seres Pitris Agnishvatta, conocidos entre los Jainas como los veinticuatro Tirthankaras.
Los divinos Hermafroditas del punto medio de la tercera Raza, los "Padres inmaculados", como se les llama, crearon Hijos por medio de la voluntad y del yoga, para la encarnación de los más elevados Agnishvatta, los "Antecesores -los antepasados espirituales- de todos los subsecuentes y presentes Arhats o Mahatmas" esto es, sus Gurús; y se nos dice que, en la séptima Raza, estos Hijos de la voluntad y del yoga, junto con otros como ellos, producirán hijos nacidos de la mente.
Estos Hijos son Aquellos que, vigilando la evolución de las últimas tercera y cuarta Razas, se irritaron con los hijos de los Atlantes, cuando éstos cayeron en la degradación y fueron víctimas de la gran catástrofe que los sumergió debajo de las aguas del océano. Constantemente se habla de Ellos como de los instructores divinos, Aquellos que dirigen la evolución espiritual humana y guían las fuerzas cósmicas para favorecerla y estimularla.

Los Reyes divinos de las más primitivas dinastías que dirigieron el desarrollo intelectual de la humanidad, que le enseñaron las artes y las ciencias, y que guiaron su evolución social, eran algunos de los más elevados Pitris Agnishvata. Estos Pitris eran los Titan-Kabirim, a los cuales se alude en los anales de los pueblos más antiguos.
H. P. B. dice: "Ellos son en verdad los grandes y benéficos poderosos Dioses. En Tebas, Corea y Demeter, los Kabirim tenían un santuario, y en Menfis los Kabiri tenían un templo tan sagrado, que nadie, excepto los sacerdotes, podían entrar en sus sagrados recintos... Ellos fueron en el principio de los tiempos, los Directores de la humanidad, cuando encarnaron como Reyes de las dinastías divinas. Ellos dieron el primer impulso a la civilización, y dirigieron la inteligencia con la cual habían dotado al hombre hacia la invención y perfeccionamiento de todas las artes y ciencias. Por esto se dice que los Kabiri aparecieron como los bienhechores de los hombres, y como tales vivieron durante edades en la memoria de los pueblos. A estos Kabiri o Titanes se atribuye la invención de la escritura, de las leyes y la legislatura, de la arquitectura, así como de las diversas formas de la llamada magia y del empleo medicinal de las plantas".
Los ocultistas llaman también Manushis a estos Seres divinos, quienes enseñaron la lengua sagrada, el Senzar, a la tercera y cuarta Razas.
Extracto del libro Genealogía del Hombre - Annie Besant

13/10/16

ANTROPOGÉNESIS DE LAS ESTANCIAS DE DZYAN (III)


ESTANCIA X
Así, de dos a dos, en las Siete Zonas, la Tercera Raza dio nacimiento a la Cuarta; los Sura se convirtieron en A-sura. La Primera, en todas las Zonas, fue del color de la luna; la Segunda amarilla como el oro; la Tercera roja; la Cuarta de color oscuro, que se tornó negro por el pecado. Los siete primeros vástagos humanos fueron todos de un color. Los siete siguientes principiaron a mezclarse. Entonces la Tercera y Cuarta crecieron en orgullo. “Somos los reyes; somos los dioses”.
Tomaron esposas de hermosa apariencia. Esposas procedentes de los sin mente, los de cabeza estrecha. Engendraron monstruos, demonios perversos, macho y hembra, también Khado (dâkinî), con mentes limitadas. Construyeron ellos templos para el cuerpo humano. Rendían culto a varón y hembra. Entonces el Tercer Ojo cesó de funcionar.

ESTANCIA XI
Ellos construyeron enormes ciudades. Con tierras y metales raros ellos construían. De los fuegos vomitados, de la piedra blanca de las montañas y de la piedra negra, tallaban sus propias imágenes a su tamaño y semejanza, y las adoraban. Construyeron grandes imágenes de nueve yatis de alto: el tamaño de sus cuerpos. Fuegos internos habían destruido la tierra de sus Padres. El agua amenazaba a la Cuarta. Las primeras Grandes Aguas vinieron. Ellas sumergieron las Siete Grandes Islas.
Los Justos todos salvados, los Impíos destruidos. Con ellos perecieron la mayor parte de los enormes animales producidos del sudor de la tierra.

ESTANCIA XII
Pocos quedaron, algunos amarillos, algunos del color oscuro y negro, y algunos rojos quedaron. Los del color de la Luna habían desaparecido para siempre.
La Quinta producida del tronco Santo quedó; ella fue gobernada por los primeros Reyes Divinos... (Las Serpientes) que volvieron a descender, que hicieron la paz con la Quinta, que la enseñaron e instruyeron...

En la Estancia VIII, detengámonos un momento a considerar los varios procedimientos consecutivos de procreación, con arreglo a la ley de la Evolución.
Principiemos por el modo de reproducción de las últimas subrazas de la Tercera Raza Humana; por aquellos que se vieron dotados de “Fuego Sagrado”, de la Fulguración de los Seres superiores y entonces independientes, que fueron los Padres psíquicos y espirituales del Hombre, como los Pitri Devatâs inferiores (los Pitris) fueron los Progenitores de su cuerpo físico. Esa Tercera Raza santa consistía en hombres, a los cuales se les describía, en su cenit, como “enormes gigantes con la fuerza y hermosura de dioses, y depositarios de todos los misterios del Cielo y de la Tierra”. ¿Han caído ellos también, y, en ese caso, fue la encarnación la “Caída”?
Debemos observar sobre ellos que los Dioses y Héroes principales de la Cuarta y Quinta Razas, como antigüedad menor, son las imágenes deificadas de estos Hombres de la Tercera. Los días de su pureza fisiológica, y los de su llamada Caída, han sobrevivido tanto en el corazón como en la memoria de sus descendientes. De aquí la naturaleza dual que presentan estos Dioses, cuyas virtudes así como sus pecados han sido exaltados hasta el último extremo en las biografías compuestas por la posteridad.
Fueron ellos las Razas Pre-Adámicas y Divinas, de las cuales la misma Teología, para la que todas ellas son “razas cainitas y maldecidas”, principia ahora a ocuparse.
Pero, en primer término, debemos tratar de la acción de los “Progenitores Espirituales” de aquella Raza.

En la Estancia VII, hay que explicar un punto difícil y abstruso:
CUANDO EL EXUDADO PRODUJO AL NACIDO DEL HUEVO, AL DOBLE, AL POTENTE, AL PODEROSO CON HUESOS, LOS SEÑORES DE LA SABIDURÍA DIJERON: “AHORA CREAREMOS”.
¿Por qué “ahora” y no antes? Esto lo explica lo que sigue:
LA TERCERA RAZA SE CONVIRTIÓ EN EL VÂHAN DE LOS SEÑORES DE LA SABIDURÍA. CREÓ HIJOS DE LA VOLUNTAD Y DEL YOGA, POR KRIYÂSHAKTI LOS CREÓ, LOS SANTOS PADRES. ANTECESORES DE LOS ARHATS.

¿Cómo fue que ellos “crearon”, dado que los “Señores de la Sabiduría” son idénticos a los Devas indos que se negaron a “crear”? Evidentemente Ellos son los Kumâras del Panteón Hindú y de los Purânas, los Hijos Mayores de Brahmâ.
Sanandana y los otros hijos de Vedhas (quienes), creados previamente por él... sin deseos ni pasiones, (permanecieron castos) inspirados por santa sabiduría... y sin deseos de progenie.

El poder, por el cual crearon primeramente, es lo que ha sido causa de su degradación desde su alto estado a la posición de Malos Espíritus, de Satán y de su Hueste, creados a su vez por la impura fantasía de los credos exotéricos.
Este poder fue el de Kriyâshakti, ese misterioso y divino poder latente en la voluntad de cada hombre, y el cual, si no es llamado a la vida, animado y desarrollado por la práctica Yoga, permanece dormido en 999.999 hombres de cada millón, y así se llega a atrofiar.

Este poder es explicado en los “Doce Signos del Zodíaco” como sigue:
Kriyâshakti: El misterioso poder del pensamiento que le permite producir resultados fenomenales, externos, perceptibles por su propia energía inherente. Los antiguos sostenían que cualquier idea se manifestará externamente si se concentra la atención de uno (y la voluntad) intensamente en ella. Igualmente, una intensa volición será seguida por el resultado que se desea. La Tercera Raza había creado así a los llamados HIJOS DE VOLUNTAD Y DE YOGA, o los “Antecesores” -los Antepasados Espirituales- de todos los Arhats subsiguientes y actuales, o Mahâtmâs, de un modo verdaderamente inmaculado. Fueron, a la verdad, creados, no engendrados, como lo fueron sus hermanos de la Cuarta Raza, que fueron engendrados sexualmente después de la separación de los sexos, la “Caída del Hombre”. Pues la creación no es sino el resultado de la voluntad operando sobre la Materia fenomenal; el hace salir de ella la Luz Primordial Divina y la Vida Eterna. Fueron ellos el “Grano de la Semilla Santa” de los futuros Salvadores de la Humanidad.

El orden de la evolución de las Razas Humanas se encuentra como sigue en el Libro Quinto de los Comentarios, según ya se ha expuesto: Los primeros hombres fueron Chhâyâs 1º; los Segundos los “nacidos del Sudor” 2º; los terceros “los nacidos del Huevo” y los santos Padres nacidos por el poder de Kryâshakti 3º; los Cuartos fueron los hijos de Padmapâni (Chenresi) 4º. Por supuesto, tales modos primitivos de procreación -por la evolución de la propia imagen, por gotas de sudor; después de eso, por Yoga; y luego por lo que la gente considerará como mágico (Kriyâshakti)- están condenados de antemano a ser considerados como cuento de hadas. Sin embargo, desde el primero al último nada hay realmente en ellos de milagroso, ni nada que no pueda demostrarse que sea natural.
Esto hay que probarlo. 1º El nacimiento Chhâyâ, o el modo primordial de procreación sin sexos -la Primera Raza habiendo emanado, por decirlo así, de los cuerpos de los Pitris- se halla aludida en una alegoría cósmica de los Purânas. Es la hermosa alegoría e historia de Sanjnâ, la hija de Vishvakarman, casada con el Sol, quien “no pudiendo resistir los fervores de su Señor”, le dio su Chhâyâ (sombra, imagen o cuerpo astral), mientras que ella se retiró a la espesura para practicar devociones religiosas o Tapas. El Sol, creyendo que la Chhâyâ era su esposa, engendró hijos con ella, como Adán con Lilith, también una sombra etérea, como en la leyenda, aunque monstruosa hembra real viviente hace millones de años.
Pero quizás este ejemplo pruebe muy poco, excepto quizá la exuberante fantasía de los autores Puránicos. Tenemos preparada otra prueba. Si las formas materializadas, que a veces se ven emanar de los cuerpos de ciertos mediums, pudiesen fijarse y hacerse sólidas en lugar de desvanecerse, la “creación” de la Primera Raza sería perfectamente comprensible. Esta clase de procreación no dejará de ser sugestiva para el estudiante. Ni el misterio ni la imposibilidad de tal procedimiento son ciertamente mayores -al paso que es mucho más comprensible para la inteligencia del verdadero pensador metafísico- que el misterio de la concepción del feto, su gestación y nacimiento como niño, como actualmente lo conocemos.

Extracto: La Doctrina Secreta – H.P. Blavatsky

9/10/16

ANTROPOGÉNESIS DE LAS ESTANCIAS DE DZYAN (II)


ESTANCIA V
Los Primeros fueron los Hijos de Yoga. Sus hijos, los hijos del Padre Amarillo y de la Madre Blanca.
La Segunda Raza fue el producto por brote y expansión, la Asexual procedente de la Sin-sexo. Así fue, ¡oh Lanú! producida la segunda Raza. Sus Padres fueron los Nacidos por sí mismos... Los Nacidos por sí mismos, los Chhâyâs procedentes de los brillantes Cuerpos de los Señores, los Padres, los Hijos del Crepúsculo.
Cuando la Raza se hizo vieja, las Aguas antiguas se mezclaron con las Aguas más recientes. Cuando sus Gotas se enturbiaron, se desvanecieron y desaparecieron en la nueva Corriente, en la cálida Corriente de la Vida. Lo Externo de la Primera se convirtió en lo Interno de la Segunda. El Ala vieja vino a ser la Sombra nueva, y la Sombra del Ala.

ESTANCIA VI
Después la Segunda desarrolló la Nacida del Huevo, la Tercera. El Sudor creció, sus Gotas crecieron, y las Gotas se hicieron duras y redondas. El Sol la calentó; la Luna la enfrió y la formó; el Soplo la alimentó hasta su madurez. Desde la Estrellada Bóveda el Cisne Blanco cobijaba a la gran Gota. El Huevo de la Raza futura, el Hombre-Cisne de la Tercera ulterior. Primeramente macho-hembra, luego Hombre y Mujer.
Los Nacidos-por-sí-mismos fueron los Chhâyâs, las Sombras de los Cuerpos de los Hijos del Crepúsculo. Ni el agua ni el fuego podían destruirlos. (Sus hijos lo fueron).

ESTANCIA VII
Los Hijos de la Sabiduría, los Hijos de Noche, prontos para renacer descendieron. Vieron ellos las formas viles de la Primera Tercera. “Podemos elegir”, dijeron los Señores; “poseemos la sabiduría”. Algunos entraron en los Chhâyâs proyectaron una Chispa. Otros lo difirieron hasta la Cuarta. De su propio Rûpa llenaron el Kâma. Los que empezaron se convirtieron en Arhats.
Los que sólo recibieron una Chispa, permanecieron destituidos de conocimiento; la Chispa ardía débilmente. Un Tercio permanecía sin mente. Sus Jivas no estaban dispuestos. Estos fueron puestos aparte entre las Siete. Se volvieron ellos de cabeza estrecha. En un Tercio estuvieron preparados. “En estos moraremos”, dijeron los Señores de la Llama (y de la Sabiduría Secreta).
¿Cómo obraron los Mânasa, los Hijos de la Sabiduría? Rechazaron a los Nacidos-por-sí-mismos. No están dispuestos. Desdeñaron a los Nacidos del Sudor. No están completamente preparados. No quisieron empezar en el primer Nacido del Huevo.
Cuando el Exudado produjo al Nacido del Huevo, al doble, al potente, al poderoso con huesos, los Señores de la Sabiduría dijeron: “Ahora crearemos”.
La Tercera Raza se convirtió en el Vâhan de los Señores de la Sabiduría. Creó “Hijos de la Voluntad y del Yoga”, por Kriyâshakti los creó, los Santos Padres. Antecesores de los Arhats.

ESTANCIA VIII
De las gotas de sudor, del residuo de la substancia, material procedente de los cuerpos muertos de hombres y animales de la Rueda anterior, y del polvo desechado, fueron producidos los primeros animales.
Animales con huesos, dragones del océano y Sarpas voladoras fueron añadidos a los seres que serpentean. Los que se arrastran por el suelo adquirieron alas. Los de largo cuello en el agua se convirtieron en los progenitores de las aves del aire. Durante la Tercera, los animales sin huesos crecieron y se transformaron; se convirtieron ellos en animales con huesos, sus Chhâyâs se solidificaron. Los animales se separaron los primeros. Principiaron a engendrar. El hombre duplo se separó también. Él dijo “Hagamos lo que ellos: unámonos y hagamos criaturas”. Así lo hicieron.... Y aquellos que carecían de Chispa, tomaron para sí enormes animales hembras. Engendraron con ellas razas mudas. Mudos eran ellos mismos. Pero sus lenguas se desataron. Las lenguas de su progenie permanecieron calladas.
Engendraron monstruos: Una raza de monstruos encorvados, cubiertos de pelo rojo, andando a gatas. Una raza muda para guardar callada la vergüenza.

ESTANCIA IX
Viendo lo cual, los Lhas que no habían construido hombres, lloraron, diciendo: “Los Amânasa han profanado nuestras mansiones futuras. Esto es Karma. Habitemos en las otras. Enseñémosles mejor para evitar males mayores”. Así lo hicieron... Entonces todos los hombres fueron dotados de Manas. Vieron ellos el pecado de los sin mente. La Cuarta Raza desarrolló el lenguaje.
El Uno se convirtió en Dos; así también todos los seres vivos y serpeantes que eran todavía uno, peces gigantescos, pájaros y serpientes con cabezas de conchas.

Extracto: La Doctrina Secreta – H.P. Blavatsky
Continuará...

3/10/16

ANTROPOGÉNESIS DE LAS ESTANCIAS DE DZYAN (I)


ESTANCIA I
El Lha que dirige al Cuarto, es Servidor de los Lha(s) de los Siete, los que giran, conduciendo sus Carros alrededor de su señor, el Ojo Único (de nuestro Mundo). Su Aliento dio Vida a los Siete. Dio Vida al Primero.
Dijo la Tierra: “Señor de la Faz Resplandeciente, mi casa está vacía... Envía tus Hijos a poblar esta Rueda. Has enviado tus Siete Hijos al Señor de la Sabiduría. Siete veces te ve él más próximo a sí, siete veces más él te siente. Has prohibido a tus Servidores, los Anillos pequeños, recoger tu Luz y tu Color, interceptar a su paso tu gran Munificencia. Envía ahora la misma a tu Servidor”. Dijo el Señor de la Faz Resplandeciente: “Yo te enviaré un Fuego cuando haya comenzado tu obra. Eleva tu voz a otros Lokas; acude a tu Padre el Señor del Loto, en demanda de sus Hijos... Tu Gente estará bajo el mando de los Padres. Tus Hombres serán mortales. Los Hombres del Señor de la Sabiduría, no los Hijos de Soma, son inmortales. Cesa en tus quejas. Tus Siete Pieles están aún sobre ti... Tú no estás preparada. Tus Hombres no están preparados”.
Después de grandes sufrimientos desechó ella sus Tres Pieles viejas, se puso las Siete Pieles nuevas, y afirmóse en la primera.

ESTANCIA II
La Rueda volteó por treinta crores más. Construyó Rûpas; Piedras blandas que se endurecieron; Plantas duras que se ablandaron. Lo visible de lo invisible, Insectos y pequeñas Vidas. Ella las sacudía de su dorso cuando invadían a la Madre... Después de treinta crores, se volvió por completo. Reposaba sobre su dorso; sobre un costado... No quería llamar a Hijos del Cielo, no quería buscar a hijos de la Sabiduría. Ella creó de su propio Seno. Produjo Hombres Acuáticos, terribles y perversos.
Los Hombres Acuáticos, terribles y perversos, los creó ella misma de los restos de otros. De los desperdicios y el fango de su Primera, Segunda y Tercera los formó. Los Dhyânis vinieron y miraron... los Dhyânis procedentes del resplandeciente Padre-Madre, vinieron de las Blancas Regiones, de las Mansiones de los Mortales Inmortales. Ellos se disgustaron. “Nuestra Carne no está ahí. No hay Rûpas aptos para nuestros Hermanos de la Quinta. No hay Moradas para las Vidas. Aguas puras, no turbias, deben ellos beber. Sequémoslas”.
Las Llamas vinieron. Los Fuegos con las Chispas; los Fuegos de la Noche y los Fuegos del Día. Ellos secaron las Aguas turbias y obscuras. Con su calor las agotaron. Los Lhas de la Altura y los Lhamayin de Abajo, vinieron. Hicieron morir a las Formas de dos y de cuatro caras. Lucharon con los Hombres-Cabríos, con los Hombres de Cabeza de Perro y con los Hombres con cuerpos de pez. El agua Madre, el Gran Mar, lloró. Ella se levantó, desapareció en la Luna, que la había elevado, que la había hecho nacer. Cuando fueron destruidos, la Tierra Madre quedóse vacía. Pidió que la secaran.

ESTANCIA III
El Señor de los Señores vino. Del Cuerpo de ella él separó las Aguas, y aquello fue Cielo arriba; el Primer Cielo. Los grandes Chohans llamaron a los Señores de la Luna, de los Cuerpos Aéreos: “Producid Hombres, Hombres de vuestra naturaleza. Dadles las Formas internas, ella construirá vestiduras externas. Machos-Hembras serán, señores de la Llama también...” Ellos fueron cada uno a su Tierra destinada; Siete de ellos, cada uno a su Lote. Los señores de la Llama se quedaron detrás. No querían ir; no querían crear.

ESTANCIA IV
Las Siete Huestes, los “Señores Nacidos por la Voluntad”, impulsados por el Espíritu Dador de Vida, separaron a los Hombres de ellos mismos, cada uno en su propia Zona. Siete veces siete Sombras de Hombres Futuros nacieron. Cada una de su propio Color y Especie. Cada una inferior a su Padre. Los Padres, los Sinhuesos, no podían dar la Vida a Seres con Huesos. La progenie de Ellos fue Bhûta, sin Forma ni Mente. Por esa razón son ellos llamados la raza Chhâyâ.
¿Cómo nacieron los Mânushya? ¿Cómo se formaron los Manus con mentes?. Los Padres llamaron en su ayuda a su propio Fuego, que es el Fuego que arde en la Tierra. El Espíritu de la Tierra llamó en su ayuda al Fuego Solar. Estos Tres, con sus esfuerzos reunidos, produjeron un buen Rûpa. Podía estar de pie, andar, correr, reclinarse o volar. Sin embargo, no era aún más que un Chhâyâ, una Sombra sin Entendimiento... El Aliento necesitaba una Forma; los Padres se la dieron. El Aliento necesitaba un Cuerpo denso; la Tierra lo modeló. El Aliento necesitaba el Espíritu de Vida; los Lhas Solares lo exhalaron en su Forma. El Aliento necesitaba un Espejo de su Cuerpo; “¡Nosotros le dimos el nuestro!” -dijeron los Dhyânis. El Aliento necesitaba un Vehículo de Deseos; “¡Lo tiene!” -dijo el Agotador de las Aguas. Pero el Aliento necesitaba una Mente para abarcar el Universo; “¡No podemos dar eso!” -dijeron los Padres. “¡Jamás la tuve!” -dijo el Espíritu de la Tierra. “¡La Forma sería consumida si yo le diera la mía!” -dijo el gran Fuego... El Hombre permaneció un Bhûta vacío e insensato... Así dieron la Vida los Sin-huesos a los que se convirtieron en Hombres con Huesos en la Tercera.

Extracto: La Doctrina Secreta – H.P. Blavatsky

22/9/16

LAS ESTANCIAS DE DZYAN


La historia de la Evolución Cósmica, tal como se halla expuesta en las Estancias, es por decirlo así, la abstracta fórmula algebraica de esta evolución. Por lo tanto, el lector no debe concebir la esperanza de encontrar en ellas la explicación de todas las etapas y transformaciones que tienen lugar entre los comienzos de la Evolución Universal y nuestro presente estado. Sería imposible dar tal explicación, que sería incomprensible a quienes ni siquiera pueden hacerse cargo de la naturaleza del plano de existencia inmediato, al que por el momento, se halla limitada su conciencia.
Las Estancias dan una fórmula abstracta que puede aplicarse mutatis mutandis a toda evolución: a la de nuestra tierra diminuta; a la de la Cadena de Planetas de que esta tierra forma parte; a la del Universo Solar a que pertenece esta Cadena; y así, en escala ascendente, hasta que la mente vacila y queda exhausta por el esfuerzo realizado.
Las siete Estancias representan los siete términos de esta fórmula abstracta. Se refieren y describen las siete grandes etapas del proceso evolutivo, de que tratan los Purânas como las “Siete Creaciones”, y la Biblia como los “días” de la Creación.

La Estancia I describe el estado del TODO UNO durante el Pralaya, antes el primer movimiento del despertar de la Manifestación.
Basta pensar un momento para comprender que tal estado sólo puede expresarse simbólicamente; pues es imposible describirlo. Y ni puede ser simbolizado sino por medio de negaciones; porque siendo el estado de lo Absoluto per se, no puede tener ninguno de aquellos atributos específicos que nos sirven para describir los objetos en términos positivos. De aquí que sólo puede sugerirse tal estado por medio de la negación de todos aquellos atributos más abstractos que los hombres sienten, más bien que conciben, como el límite más remoto a que puede llegar su poder de concepción.

La Estancia II describe una etapa que para una inteligencia occidental viene a ser casi tan idéntica al estado referido en la primera Estancia, que el explicar la idea de su diferencia requeriría por sí sola un tratado.
Por tanto, debe quedar a la intuición y a las facultades más elevadas del lector, el penetrar hasta donde sea posible la significación de las frases alegóricas de que se hace uso. En verdad, hay que tener presente que todas estas Estancias hablan más a las facultades íntimas que a la inteligencia ordinaria del cerebro físico.

La Estancia III describe el despertar del Universo a la vida después del Pralaya.
Refiere cómo surgen las Mónadas de su estado de absorción en el seno del Uno; cuya etapa es la primera y superior en la formación de los Mundos. El término Mónada puede aplicarse lo mismo al más vasto Sistema Solar, que al átomo más diminuto.

La Estancia IV presenta la diferenciación del “Germen” del Universo en la Jerarquía Septenaria de Poderes Divinos conscientes, que son las manifestaciones activas de la Suprema Energía Una.
Ellos son los constructores y modeladores, y en último término los creadores de todo el Universo manifestado, en el único sentido en que el nombre de “Creador” es inteligible; dan forma al Universo y le dirigen; son los Seres inteligentes que ajustan y vigilan la evolución, encarnando en sí mismos aquellas manifestaciones de la Ley Una, que conocemos como “Leyes de la Naturaleza”.
Genéricamente son conocidos con el nombre de Dhyân Chohans, si bien cada uno de los diversos grupos tiene su propia denominación en la Doctrina Secreta.
Esta etapa de la evolución es llamada en la mitología india la “Creación de los Dioses”.

La Estancia V describe el proceso de la formación del mundo.
En primer lugar, Materia Cósmica difusa; después el “Torbellino Ígneo”, la primera etapa de la formación de una nebulosa. Esta nebulosa se condensa y, después de pasar por varias transformaciones, forma un Universo Solar, una Cadena Planetaria o un solo Planeta, según los casos.

La Estancia VI indica las etapas subsiguientes de la formación de un “Mundo”, mostrando la evolución de este Mundo hasta su cuarto gran período, que corresponde al período en que vivimos actualmente.

La Estancia VII continúa la historia, trazando el descenso de la vida hasta la apariencia del hombre, y así termina el libro primero de La Doctrina Secreta.
El desarrollo del “Hombre” desde su primera aparición sobre esta tierra en la Ronda actual, hasta el estado en que hoy se encuentra, constituirá el asunto de los libros tercero y cuarto.

Se intercalan extractos de las traducciones china, tibetana y sánscrita de los Comentarios y Glosas originales de Senzar sobre el Libro de Dzyan, siendo ésta la primera vez que dichas traducciones se vierten a un lenguaje europeo. Es casi innecesario decir que tan sólo son citadas porciones de las siete Estancias. Si se publicasen completas, serían incomprensibles para todos, excepción hecha de unos cuantos elevados ocultistas.
Con objeto de facilitar la lectura y de evitar referencias demasiado frecuentes a notas puestas al pie, se ha considerado más cómodo reunir textos y glosas, usando los nombres propios sánscritos y tibetanos, cuando no pudiesen evitarse, con preferencia a los originales. Si hubiera de traducirse al español el versículo primero empleando únicamente los sustantivos y términos técnicos que constan en una de las versiones tibetana y senzar, diría como sigue:
Tho-ag en Zhi-gyu durmió siete Khorlo. Zodmanas zhiba. Todo Nyug seno. Konch-hog no; Thyan-Kam no; Lha-Chohan no; Tenbrel Chugnyi no; Dharmakâya cesó; Tgenchang no había llegado a ser; Barnang y Ssa en Ngovonyidj; solamente Tho-og Yinsin en la noche de Sun-chan y Yong-grub (Paranishpanna), etc.”
Todo esto sonaría como un completo Abracadabra.
Como esta obra se ha escrito para instrucción de los estudiantes de Ocultismo y no en beneficio de los filólogos, evitaremos términos extranjeros semejantes, siempre que sea posible. Únicamente se dejan los términos intraducibles, que no se comprendan sin una explicación; pero todos ellos se darán en su forma sánscrita. No hay para qué recordar al lector que estos son, en casi todos los casos, los últimos desarrollos de este lenguaje, y pertenecen a la Quinta Raza Raíz. El sánscrito, tal como ahora se conoce, no fue hablado por los atlantes; y la mayor parte de los términos filosóficos empleados en los sistemas de la India, posteriores al período del Mahâbhârata, no se encuentran en los Vedas ni en las Estancias originales, sino tan sólo sus equivalentes.

Descubrimientos recientes hechos por grandes matemáticos y kabalistas, prueban sin duda que todas las teologías desde la más antigua hasta la última, han surgido no sólo de un origen común de creencias abstractas, sino de un lenguaje esotérico universal o del Misterio. Estos sabios poseen la clave del lenguaje universal antiguo, y la han usado con éxito, aunque sólo una vez, para abrir la puerta herméticamente cerrada que conduce al Vestíbulo de los Misterios.
El gran sistema arcaico conocido desde las edades prehistóricas como la Ciencia Sagrada de la Sabiduría, que está contenido y puede encontrarse en todas las religiones antiguas así como en las modernas, tenía y tiene aún su lenguaje universal la lengua de los Hierofantes, que tiene siete “dialectos”, cada uno de los cuales se refiere y está particularmente apropiado a uno de los siete misterios de la Naturaleza. Cada uno de ellos tenía su simbolismo propio. La Naturaleza podía ser leída de este modo en su plenitud, o considerada bajo uno de sus aspectos especiales. La prueba de esto reside, hasta el presente, en la gran dificultad que los orientalistas en general y especialmente los indianistas y egiptólogos, experimentan en la interpretación de los escritos alegóricos de los arios y de los anales hieráticos de Egipto. Esto sucede porque nunca quieren tener presente que todos los anales antiguos estaban escritos en una lengua que era universal y conocida igualmente por todas las naciones en los días de la antigüedad, pero que ahora sólo es inteligible para unos pocos.

Así como los números arábigos son claros para cualquier hombre, sea cual fuere su nacionalidad; o así como la palabra inglesa and, que se convierte en et para los franceses, en und para los alemanes, en y para los españoles, y así sucesivamente, puede expresarse en todas las naciones civilizadas con el signo &, igualmente todas las palabras de esta Lengua del Misterio significaban la misma cosa para todos los hombres.

Ha habido hombres notables que han tratado de restablecer un lenguaje filosófico y universal semejante: Delgarme, Wilkins, Leibnitz; pero Demaimieux, en su Pasigraphie, es el único que ha probado su posibilidad. El esquema de Valentín, llamado la “Kábala Griega”, basado en la combinación de letras griegas, puede servir de modelo.

Los muchos aspectos del Lenguaje del Misterio han conducido a la adopción de dogmas y ritos variadísimos, en el exoterismo de los rituales de las Iglesias. Ellos son, también, los que están en el origen de la mayor parte de los dogmas de la Iglesia Cristiana; como por ejemplo, los Siete Sacramentos, la Trinidad, la Resurrección, los Siete Pecados Capitales y las Siete Virtudes. Sin embargo, habiendo estado siempre las Siete Claves de la Lengua del Misterio bajo la custodia de los más elevados Hierofantes iniciados de la antigüedad, sólo el uso parcial de alguna de las siete pasó, por traición de algunos de los primeros Padres de la Iglesia -ex Iniciados de los Templos- a manos de la nueva secta de los nazarenos.
Algunos de los primeros Papas fueron Iniciados; pero los últimos fragmentos de su saber han caído ahora en poder de los Jesuitas, que los han convertido en un sistema de hechicería.
Se afirma que la India -no con sus actuales límites, sino incluyendo los antiguos- es el único país en el mundo que cuenta todavía, entre sus hijos, Adeptos que poseen el conocimiento de los siete subsistemas, y la clave del sistema completo.

Desde la caída de Menfis, Egipto principió a perder todas estas claves, una a una, y la Caldea sólo conservaba tres en los días de Beroso.
En cuanto a los hebreos, no demuestran en todos sus escritos más que un conocimiento completo de los sistemas astronómico, geométrico y numérico de simbolizar todas las funciones humanas y especialmente las fisiológicas. Nunca han poseído las claves superiores. Gaston Maspero, el gran egiptólogo francés y sucesor de Mariette Bey, dice:
Cada vez que oigo hablar de la religión de Egipto, me siento impulsado a preguntar a qué religión egipcia se refieren. ¿Es a la religión de la Cuarta Dinastía, o a la religión del período de los Ptolomeos?, ¿Es a la religión del vulgo, o a la de los sabios?, ¿A aquella que se enseñaba en las escuelas de Heliópolis o a aquella otra que se hallaba en las mentes y en los conceptos de la clase sacerdotal de Tebas?. Porque entre la primera tumba de Menfis, que lleva la inscripción de un rey de la tercera dinastía, y las últimas piedras grabadas en Esneh, bajo César-Filipo el Árabe, hay un intervalo de cinco mil años por lo menos.
Dejando a un lado la invasión de los Pastores, la dominación Etíope y la de los Asirios; la conquista persa, la colonización de los griegos y las mil revoluciones de su vida política, el Egipto pasó, durante estos cinco mil años, por muchas vicisitudes morales e intelectuales. El capítulo XVII del Libro de los Muertos, que parece contener la exposición del sistema del mundo, según era comprendido en Heliópolis durante la época de las primeras dinastías, sólo nos es conocido por unas cuantas copias de la undécima y duodécima dinastía. Cada uno de los versículos que lo componen era ya interpretado de tres o cuatro maneras distintas; tan diferentes, que según ésta o aquella escuela, el Demiurgo se convertía en el fuego del sol, Ra-Shu o en el agua primordial. Quince siglos más tarde, el número de las interpretaciones había aumentado considerablemente. El tiempo, en su transcurso, había modificado las ideas sobre el Universo y las fuerzas que lo rigen.
Durante los dieciocho siglos escasos que existe el Cristianismo, la mayoría de sus dogmas se han elaborado, desarrollado y cambiado; ¿cuántas veces, pues, no habrá podido alterar sus dogmas el clero egipcio, durante los cincuenta siglos que separan a Teodosio de los Reyes Constructores de las Pirámides?
Extracto: La Doctrina Secreta - H.P. Blavatsky